martes, 14 de julio de 2009

Estamos endeudados hasta el cuello o por qué a España le costará salir de la crisis


McCoy en El Confidencial:

Porque la realidad es que, si comparamos el endeudamiento público y privado patrio con el valor añadido que genera nuestra economía, España, S.A. es un emisor que respondería a lo que las denostadas agencias de rating califican como bono basura. Así al menos se desprende del documento elaborado un banquero, anónimo para algunos, que circula por los mentideros de la Villa y Corte. Para llegar a tal conclusión el autor realiza dos ejercicios previos. Uno, sumar la deuda de particulares, empresas y administración pública, sin incluir a las firmas financieras. El resultado es que nos encontramos en una situación similar a la de Estados Unidos que padece máximos de apalancamiento no vistos ni siquiera durante la Gran Depresión: 225%-250% del PIB. Dos, construir una cuenta de resultados agregada mediante la adición de las cifras individuales de cada una de las firmas españolas cotizadas, igualmente ex financieras, como muestra mejorada de la economía española. A partir de ella, y con objeto de hacer la comparativa homogénea, toma las Ventas como PIB en base 100 (Ventas=PIB=100). Adjunto el cuadro.
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Alguno podrá argumentar, con razón, que se trata de un análisis superficial sujeto a mil matices. Estoy de acuerdo. Pero la ley de los grandes números no tiende a separarse demasiado en su concreción de la cifra pequeña, salvo errores de bulto que servidor no ha percibido de partida. En cualquier caso, no se pretende aquí ser exhaustivo sino reivindicativo: España puede enfrentarse a un problema real de repago de su deuda; por tanto es momento de utilizar la política fiscal, la única que nos queda junto con la inciativa privada, con una mentalidad económica de largo plazo y no política de corto; potenciando los ingresos a través del fomento de la actividad y no mediante el incremento de la tributación en tipos y actividades sujetas a gravamen; controlando el gasto mediante la sustitución del adjetivo mayor por mejor; persiguiendo el fraude; incentivando las deducciones que tengan por finalidad mejorar la productividad a través de la innovación y la investigación o el desarrollo de industrias nicho que permitan la especialización (pena de energía solar); favoreciendo las políticas de repatriación de capitales (sí, de nuevo la dichosa amnistía); simplificando los trámites burocráticos y todo lo que se les pueda ocurrir. No hay más sordo que el que no quiere oír. Bueno, hasta que el grito se haga clamor. Yo hoy ya he empezado.


Es decir, estamos endeudados hasta el cuello. Y eso implica que, una de dos: o exportamos y generamos superávit por cuenta corriente, o que hay que ahorrar para devolver las deudas. Lo de exportar está complicado dada la falta de competitividad de la economía española basada en mano de obra, ya no tan barata, y poca innovación. Además, dado que no habrá dinero para invertir, o será muy caro, será más difícil encontrar fuentes de innovación y el componente de Formación Bruta de Capital Fijo del PIB no aportará un gran crecimiento a la economía. Por tanto, el ahorro tendrá que venir por un menor consumo por parte de las familias.

Es decir, que el panorama es el siguiente: no habrá exportación, no habrá inversión y no habrá consumo. ¿Cuál será el crecimiento de la economía española entonces? Cercano a cero durante un tiempo. Y eso, en una economía que sólo genera empleo a partir de un crecimiento del 2% del PIB significa más paro o estancamiento del mismo.

Mientras, el Estado y las Autonomías, en un aquelarre continuo de repartir los despojos del ciudadano. Si fuéramos Argentina, estaríamos bajo vigilancia del FMI y a punto de fallar en la devolución de la deuda. Brotes verdes, negro panorama.