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viernes, 7 de enero de 2011

La imposible solución constitucional española


Buen artículo del Javier Tajadura en El País de hoy sobre el irresoluble problema constitucional español. El problema territorial estuvo durmiente durante los años de la dictadura, pero en cuanto se murió el dictador, aparecieron los valientes a reclamar unos teóricos derechos históricos, cosa que nadie osaría reclamar en la construcción de un estado ex-novo, como fue el caso español a finales de los 70. Se perdió la ocasión de construir un Estado desde cero, sin ataduras con el pasado. Sin embargo, se reconocieron fueros medievales bajo la presión del terrorismo y se reconocieron insituciones preconstitucionales como la Generalidad de Cataluña. Treinta años después, con los nacionalistas subidos a las barbas y todavía rehenes de alguna manera de los terroristas, se sigue discutiendo sobre el problema que se aplazó en su día.

...resulta evidente que España sería ya unEstado federal en la medida en que la autonomía está garantizada y consolidada. A mayor abundamiento, es una autonomía de una amplitud desconocida en el federalismo comparado. La extensión de las competencias regionales es de tal magnitud que a los poderes autonómicos corresponde la gestión de más de un tercio del gasto público.

Sin embargo, España presenta una singularidad que es la que la distingue de todos los demás Estados federales o compuestos existentes en el mundo. Esta diferencia es el denominado principio dispositivo cuyo significado y alcance son fáciles de comprender. En virtud de dicho principio, la Constitución española de 1978 no identifica las comunidades autónomas que conforman el Estado ni -lo que es más grave- cuál es el nivel de autonomía política de las mismas. Eso no ocurre en ningún Estado Federal del mundo. En todos ellos la Constitución Federal establece cuántos y quiénes son los titulares de la autonomía política y, por supuesto, cuál es el contenido de esa autonomía. Las consecuencias de ello resultan muy claras. En cualquier régimen federal, el aumento o disminución de las competencias de los poderes centrales o territoriales exige, inexcusablemente, una reforma de la Constitución.

En España, al no recoger la Constitución ni la relación de comunidades autónomas ni la amplitud de sus competencias, tales operaciones son diferidas a otras normas, los estatutos de autonomía. Ello permite que se pueda modificar la distribución del poder en España, una cuestión materialmente constitucional y que incumbe a todos los españoles, mediante la reforma de un estatuto de autonomía y sin necesidad de activar el procedimiento de reforma constitucional. De esta forma, el proceso constituyente permanece indefinida y peligrosamente abierto. Sobre los riesgos de esta situación nos advertía el profesor Tomás y Valiente: "Hay que dar por terminado el proceso constituyente. Un Estado no puede permanecer indefinidamente en proceso constituyente sin poner en riesgo la unidad de la sociedad política subyacente, la unidad de la nación. Si no se pretende conscientemente esa ruptura es imprudente desencadenar fuerzas que pueden conducir a ese resultado".

...

Pero ese horizonte federal no tiene nada que ver con "posiciones singulares", con "derechos históricos" ni con "realidad nacional" alguno. El federalismo es una técnica ajena por completo a la ideología del nacionalismo. Y ello porque el federalismo se levanta sobre dos principios: la igualdad entre los miembros de la Federación, y la lealtad. Sin embargo, cuando desde Cataluña se apela al federalismo lo que se está demandando es la transformación del Estado nacional en un Estado plurinacional, la sustitución del principio de igualdad federal por la asimetría (esto es, la desigualdad), el establecimiento de relaciones bilaterales en detrimento del principio de multilateralidad. Esas demandas nada tienen que ver con el federalismo y sólo pueden ser satisfechas mediante la sustitución del Estado actual por una Confederación de Estados.

domingo, 11 de noviembre de 2007

Desvaríos de Sala i Martín

Leo a través de Criterio unas declaraciones de Xavier Sala i Martín, tantas veces citado en el blog por sus brillantes argumentos económicos contra el pensamiento único. Esta vez, sin embargo, no puedo pasar por alto la incoherencia intelectual de este hombre, liberal y nacionalista.



Este es un extracto de sus declaraciones:

"Lo que explico en el libro es que yo soy independentista pero no independentista catalán, o no sólo, sino que soy independentista de cualquier país que quiera la independencia. Si un conjunto de personas decide con su voluntad democrática hacer una nación nueva a través de un referéndum, yo no veo, digamos, cómo ninguna persona democrática se puede oponer. [...] Los españoles no son liberales. El problema es que los españoles liberales no son liberales. Los españoles liberales, digamos, ponen a España como una cosa sagrada por encima del bien y del mal y por encima de las decisiones de la gente y a partir de aquí utilizan cualquier tipo de justificación como por ejemplo decir que cualquiera que quiera votar una frontera, votar una frontera, digamos, es antiliberal. Yo, esto se me escapa, porque ya sé que los españoles dicen que no se puede ser a la vez catalán y liberal, porque se ha de ser español, pero por ejemplo, digamos, uno de los liberales más importantes de la Historia es Thomas Jefferson. Thomas Jefferson, que no era español ni era catalán, se hizo famoso por firmar la Declaración de Independencia, repito, Independencia, de los Estados Unidos. [...] Yo ahora creo, creo, que de aquí a unos meses nos habremos de plantear qué son las leyes. Es decir, vendrá el Tribunal Constitucional y dirá 'la voluntad del pueblo catalán, votando en referéndum, no vale', o sea, el pueblo no es soberano. Vale más lo que decidieron cuatro cabrones en el año 79, que votaron. Es decir, esto es la Constitución y esto pasa por encima de lo que quiera la gente. El pueblo vota 'sí', yo no voto 'sí', yo no voté 'sí', pero el pueblo catalán ha votado que sí y ahora hay un tribunal que dirá 'el pueblo no es soberano'. Yo creo que esto será una crisis democrática sin precedentes".

Este hombre olvida que el nacionalismo catalán, como el vasco y tantos otros, lo que hacen es poner en marcha mecanismos coactivos e intimidatorios, contrarios a la libertad individual que él tanto predica, en nombre de unos supuestos derechos colectivos del pueblo catalán, interpretados cómo no, por los arúspices del nacionalismo catalán. Menudo liberal está hecho.

Por otro lado, olvida de qué manera se llegó a promulgar la Declaración de Independencia de los Estados Unidos. Como todos los procesos de descolonización ocurridos en los siglos XVIII y XIX, fue tras una guerra de independencia en la que los hijos de los primeros colonos se rebelan contra la metrópoli. ¿No estará insinuando el señor Sala i Martín que quiere una guerra de independencia contra España?

Por último, dice que la Constitución puede ser modificada por cualquier referéndum de un grupo de ciudadanos de una Comunidad Autónoma convocados por su gobierno. Pues de eso se trata la jugada del Estatuto Catalán. Se intenta que una ley orgánica modifique la Constitución o vulnere algunos de sus principios. Supongo que no diría lo mismo este hombre si un grupo de ciudadanos se uniera y votara una ley que, modificando la Constitución, limitara las competencias de las Comunidades Autónomas recogidas en ella.

Un desvarío, sin duda.

miércoles, 24 de octubre de 2007

Reforma necesaria

En marzo ya dije cuál era, según mi modesto entender, la única solución para una España renovada y no expuesta a los nacionalismos independentistas, un gobierno de concentración cuyo programa de gobierno estuviera la reforma de la Constitución. Ya he leído varios artículos que reclaman algo parecido y la semana pasada se ha creado una plataforma para la Reforma de la Constitución.

La piden varias asociaciones cívicas, como el Convivencia Cívica Catalana, Foro de Ermua, Fundación Concordia, Fundación para la Defensa de la Nación Española y Fundación Papeles de Ermua y la lidera Alejo Vidal Quadras.

Aquí se puede ver la propuesta para el que la quiera leer. Como no me lo he leído, no lo puedo comentar. Luis, sí lo critica un poco, aunque creo que las pegas que pone se pueden subsanar. Cualquier cosa, mejor que lo que hay y que estar en manos de los nacionalistas. También El Manifiesto lo comenta.