martes, 19 de abril de 2011

Centros de excelencia

Ha sido muy criticada en los medios progresistas la propuesta de Esperanza Aguirre de crear unos centros de excelencia educativa para aquellos alumnos mejores. Xavier Sala i Martín da en el clavo en su artículo de La Vanguardia. Merece la pena leerlo entero.

Al mismo tiempo que nuestros jóvenes deportistas triunfan en todo el mundo, nuestros jóvenes no deportistas se enfrentan a una situación trágica, con tasas de paro de hasta el 50%, salarios ínfimos, productividad bajo mínimos, precariedad extrema y una manifiesta incapacidad de innovar, investigar o competir en el mercado laboral internacional. Claramente el sistema educativo no funciona para ellos y yo me pregunto: ¿Cuántos de estos jóvenes que hoy día están en el paro o trabajan a cambio de un salario ridículo tenían el talento innato para ser un Rafa Nadal oun Xavi de las ciencias, las matemáticas, las artes, la economía, la medicina, la informática o la ingeniería? La verdad es que sólo de pensar en la respuesta me entran escalofríos.

La comparación entre los éxitos deportivos y el fracaso educativo nos lleva a pensar en una posible solución: imitando lo que se ha hecho en el mundo del deporte, ¿por qué no crear centros de alto rendimiento científico para los jóvenes de más talento? Esa es, precisamente, la idea que tuvo la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, cuando propuso la creación de un centro de excelencia al que acudirían los jóvenes con mejores notas de su comunidad. ¡Bravo, presidenta!

Esa es una de las cosas que se necesitan.

No hace falta decir que la guardia pretoriana del papanatismo progresista español no tardó en saltar a la yugular de la presidenta con su tradicional letanía de simplezas populistas y acusó a doña Esperanza de ser una clasista, de querer introducir un sistema de castas, de perpetuar las desigualdades sociales… y toda una constelación de tonterías que repiten cada vez que alguien propone soluciones al problema de la educación en España. Curiosamente, toda esa gente que detesta la idea de los CAR educativos acepta sin rechistar los CAR deportivos. ¿Por qué? Pues supongo que deber de ser porque la educación de los jóvenes les importa un comino y lo único que importa es… ¡el deporte! Eso, o bien porque su ideología igualitarista que prima la igualdad por encima de todo les impide ver que sólo se puede conseguir que los niños más lentos corran al mismo ritmo que los más rápidos reduciendo la velocidad de todos y, por lo tanto, impidiendo que los rápidos desarrollen todo su potencial.