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martes, 22 de septiembre de 2009

Pura envidia

Leo una noticia que me deja estupefacto: Francia estudia advertir sobre las fotografías de moda retocadas con Photoshop. Lo propone una diputada francesa, una tal Valérie Boyer (supongo que nada que ver con el ex-ministro español) del partido de Sarkozy.

El intervencionismo de los políticos no tiene límites y pone de manifiesto que tienen demasiado tiempo para pensar en chorradas. Con nuestro dinero. ¿A quién hace mal que se retoquen las fotografías? A nadie, creo yo.

Eso sí, un buen retocador hace maravillas. Pinchar en Portfolio y luego en la foto de cada uno de los artistas o modelos.

O ver este vídeo:

miércoles, 29 de agosto de 2007

"La policía local...


...les recuerda que está terminantemente prohibido jugar a juegos de pelota en la playa".


Este mensaje lo he escuchado esta tarde por la megafonía en la playa de La Barrosa, en Chiclana de la Frontera, provincia de Cádiz. Para el que no conozca el litoral gaditano, la playa de La Barrosa tiene varios kilómetros de largo y una profundidad que puede ser de más de 50 metros en marea baja. Pues bien, aún así el Ayuntamiento de Chiclana prohibe jugar a cualquier juego de pelota en la playa.


Lo que sorprende es que el represor Ayuntamiento de Chiclana no es capaz de controlar la construcción ilegal en el término municipal y en los últimos años, con gobierno socialista, y supongo que con la connivencia de la Junta de Andalucía, se han construido entre 15.000 y 40.000 viviendas ilegales. Se puede ver aquí y aquí.


Lo que es curioso es que todos los que estábamos jugando a las palas en ese instante hemos continuado jugando como si nada. Es el drama de la gestión de los asuntos públicos en España. Los políticos se empeñan en promulgar leyes, ordenanzas, edictos y demás normas para controlar la vida de los ciudadanos pero no ponen los medios para que se cumplan. Afortunadamente, hay que decir, porque si hicieran cumplir el gran número de leyes que hay, viviríamos en un Estado estalinista. Estoy seguro que hasta el concejal de seguridad o del que dependa la citada norma juega a la pelota en la playa.

viernes, 25 de mayo de 2007

Corrección política


Vivimos en un tiempo en el que la corrección política avasalla a los individuos y hay una especie de control social "dictatorial" sobre las opiniones en la que si uno expone ideas diferentes con la vehemencia propia que surge del convencimiento profundo, es rápidamente tachado de radical, de ultra y, si eso es relativo a España, a la estructuración del Estado, directamente de fascista.


En un ensayo de Isaiah Berlin sobre Stuart Mill he encontrado estos dos párrafos relativos a este control de la opinión. Es curioso cómo los clásicos anticiparon hace siglos muchos de los problemas que hoy nos aquejan. Lo malo es que lo que para ellos fue una intuición, para nosotros es una realidad.


Percibió que en nombre de la filantropía , la democracia y la igualdad se estaba creando una sociedad en la que los objetivos se iban haciendo artificialmente más pequeños y estrechos, y en la cual se estaba convirtiendo a la mayoría de los hombres en un simple "rebaño industrioso" (para usar la frase de su admirado Tocqueville) en el que la "mediocridad colectiva" iba ahogando poco a poco la originalidad y la capacidad individual. Mill estaba en contra de lo que posteriormente se ha llamado hombre-organización, tipo de persona contra la que Bentham no habría puesto ninguna objeción racional. ... Ante todo Mill se situó en contra de aquellos que estaban dispuestos a vender el derecho de todo hombre a participar en el gobierno, en las esferas de la vida pública, con el único fin de que les dejaran cultivar sus jardines en paz; hubiera contemplado con horror la difusión de esta característica en nuestra vida de hoy.

(...)



Creyó que mantener firmemente una opinión significaba poner en ella todos nuestros sentimientos. En una ocasión declaró que cuando algo realmente nos concierne, todo el que mantiene puntos de vista diferentes nos debe desagradar profundamente. Prefería esta actitud a los temperamentos y opiniones frías. No pedía necesariamente el respeto a las opiniones de los demás; lejos de ello, solamente pedía que se intentara comprenderlas y tolerarlas, pero nada más que tolerarlas. Desaprobar tales opiniones, pensar que están equivocadas, burlarse de ellas o despreciarlas incluso, pero tolerarlas. Ya que sin convicciones, sin algún sentimiento de antipatía no puede existir ninguna convicción profunda; y sin ninguna convicción profunda no puede haber fines en la vida, con lo cual nos encontraríamos al borde del abismo.

jueves, 24 de mayo de 2007

Élites


Hay un anuncio en la emisora Intereconomía en el que se repasa cuál es la cualificación profesional de los políticos españoles. Viene a decir (cito de memoria) que aproximadamente un 30% de los diputados nacionales no tienen estudios universitarios y más del 50% de los diputados autonómicos están en la misma situación. Admitiendo que los estudios no son garantía de nada, creo que para el ejercicio de la política sí deberían ser exigidos. Dado que los políticos legislan, tendrán que tener al menos conocimiento de Derecho. A pesar de este pobre bagaje intelectual, se dice que los políticos son élites. ¿Pepiño? ¿Montilla? Menudas élites.
Me ha parecido excelente este artículo de Daniel Martín en Estrella Digital:

Para una mente ingenua, la clase política se presenta como un grupo de personas cultivadas, capaces, desprendidas, honradas e independientes que renuncian a una vida más provechosa por mor del bien común. Para un espíritu más avezado, ésa es tan sólo una idea que hace aún más triste la realidad. Ya ni en sueños podemos esperar que nos gobiernen los mejores. Pero uno, siempre utópico, espera que por lo menos nos dejen de gobernar los más ignorantes, incapaces, egoístas, deshonestos o dependientes de partidos o multinacionales.
La cuestión no es que nos deban gobernar los Miguel Ángel, Shakespeare, Newton, Kant, Tolstoi, Einstein o demás genios que queden por ahí, si es que a estas alturas queda alguno. Cada uno debe dedicarse a lo suyo, y esos genios hicieron lo que hicieron porque no se dedicaron a la política. Se podría decir que las sociedades han progresado gracias a unos pocos hombres pese a los obstáculos que en su camino han colocado —¿han sido?— los políticos.
Echando un rápido vistazo a la Historia, son pocos los nombres de políticos a los que podría poner un sobresaliente: Pericles, Cicerón, Leovigildo, Recaredo, Fernando II de Aragón, Disraeli, Castelar, Churchill... muchos de ellos con reservas. Otros nombres ilustres, como Octavio Augusto, Isabel I de Inglaterra, Abderramán III, Isabel I de Castilla, Carlos V de Alemania, Felipe II, Isabel I de Inglaterra, Talleyrand, la reina Victoria, Colbert, Bismarck, Maura, Adenauer, De Gaulle, son grandes hombres con algunas o muchas miserias. Y los nombres de Alejandro Magno, Julio César, Federico II de Prusia o Napoleón son demasiado cercanos al totalitarismo para considerarlos siquiera.
Por el contrario, son innumerables los nombres que entrarían en una lista de políticos terroríficos. Por lo general, los gobernantes han sido gente de dudosa moralidad, tendentes más al abuso que al bien del pueblo al que pertenecían y regían. Pero, en cualquier caso, la mayoría de ellos eran seres humanos de inteligencia y/o carisma, hombres de Estado capaces de pensar con cierta soltura y hablar con un mínimo de ingenio.
Lo que más llama la atención del actual statu quo es que los gobernantes actuales, o sus rivales de la oposición, siguen siendo entes de dudosa moralidad, pero sin el mínimo de inteligencia, preparación y apariencia que caracterizaban a los regidores del pasado. Ahora, en todo un alarde democrático, cualquiera puede ser presidente de Estados Unidos o del Reino de España. ¿Qué podemos esperar de cualquier alcalde cuando nuestro presidente es José Luis Rodríguez Zapatero?
Basta notar la brevedad de las listas anteriores para darse cuenta de que el bienestar y capacidad de progreso de una nación no depende de la calidad de sus políticos. Si el Imperio romano sobrevivió a Calígula o Nerón, cualquier país de menor tamaño puede superar cualquier ejecutivo. ¡Si hasta España consiguió salir adelante durante y después del reinado de Fernando VII! Así, la propia inercia histórica, el peso de la sociedad, del conjunto de las familias formadas por individuos, antaño súbditos y después ciudadanos, y las “genialidades” de unos pocos elegidos han mantenido el imparable avance de la Humanidad, el mayor oxímoron polisémico.
No, no creo en aquello de que cada país tiene el Gobierno que se merece. Más bien creo que, en el 2007, cada país es culpable de soportar al gobernante que le ralentiza. Porque el auténtico problema, ahora, es que si bien los gobernantes son, por lo menos, tan malos como siempre, la sociedad no es tan fuerte como antes ni existe una élite que mantenga, cuando menos, el ascenso humano.
Medio siglo de sistemas educativos igualitarios “por abajo” y un materialismo consumista han convertido la sociedad en una masa inconexa donde los individuos buscan la realización personal antes que el bien de la comunidad. Y, esto es lo peor, a través de caminos puramente materiales, hedonistas, alejados de cualquier potencia humana que tenga que ver con el saber, la ética o la espiritualidad. La sociedad, más que nunca democratizada, ha degenerado en un conjunto nada cohesionado de infinitas voluntades sin apenas sentimientos comunes.
A eso se ha unido el imparable declive de la creatividad y la capacidad de generar conocimientos nuevos. Perdidos en el mercado global, donde todo se mide según un precio, la genialidad parece haber desaparecido. ¿Dónde están los genios de las ciencias y las artes? Perdidos en un laboratorio, aquéllos, en manos de unos marchantes o esclavos de las subvenciones, éstos. Y así, sujetos a una clase política que a veces no sabe ni leer ni “no robar”, estamos condenados a una mediocridad existencial donde la palabra “excelencia” no sólo parece prohibida, sino que también simula estar extinta. La involución es el siguiente estadio del esperpéntico drama de lo humano.

miércoles, 23 de mayo de 2007

Lo prometido es deuda



Votar a Gallardón. Sí o no.

Como introducción, considero necesario establecer el panorama de la situación política española actual y de lo que estas elecciones pueden significar para el futuro. Creo que España está en un momento histórico que va a marcar el futuro inmediato de forma decisiva. El momento político actual y lo que ocurra en este ámbito en los próximos años va a influir profundamente en nuestras vidas en lo económico, en lo social y en lo cultural a largo plazo. Los cambios que se produzcan hoy tendrán efectos dentro de diez años o más. Si España no se prepara hoy para competir en el mundo de mañana, nuestras vidas y las de nuestros hijos serán mucho más difíciles. No es catastrofismo o pesimismo, sino mi observación de lo que pasa a mi alrededor, de mi experiencia personal y profesional y mi percepción de lo que necesita España.


La política que está aplicando el Gobierno es, desde mi humilde punto de vista, desastrosa tanto desde el punto de vista social, como económico, como nacional. Me explico. Desde el punto de vista social, las leyes de igualdad, de dependencia, de educación, de violencia doméstica, por citar algunas, van a imponer un modelo de sociedad altamente intervencionista en la que el Gobierno va a tener una excesiva capacidad de influir en la vida privada de los individuos. Lo he criticado en muchas de las entradas de este blog y lo seguiré criticando en el futuro. Desde el punto de vista económico, veo que el Gobierno, contra sus iniciales promesas se ha dedicado a conservar la herencia de los anteriores y no ha hecho ninguna de las reformas económicas que España necesita. Es más, la última actuación del Gobierno, por citar un ejemplo representativo, de "garantizar" el empleo a los 1.500 trabajadores que Delphi va a despedir es para mí una muestra intolerable de la intervención del Gobierno (otro día lo razonaré). Además, Endesa, BBVA, Repsol, etc. Desde el punto de vista nacional, más allá de patriotismos y de nacionalismos españoles, creo que las reformas estatutarias promovidas desde todas las administraciones autonómicas van a hacer que España sea un país fragmentado en diecisiete taifas con unos poderes regionales hipertrofiados, clientelistas, que van a restar más que sumar al conjunto.


Dicho esto, lo más grave de todo es la claudicación ante los terroristas y la impresión generalizada de que se le ha dado la razón a los terroristas en sus reivindicaciones "políticas", perdiendo la legitimidad que España siempre ha tenido frente a los terroristas. Se ha retorcido la ley a conveniencia del Gobierno en un empeño suicida para la sociedad española.


En este contexto, que es necesario considerar para votar, los argumentos para votar a favor de Gallardón para alcalde son tres:


  1. Sumar votos para que el PP tenga más votos que el PSOE. Esto es importante porque el lunes los periódicos harán balance sobre el número de votos y concejales que ha tenido cada partido y es importante que quede la impresión de que la gente rechaza la actuación del PSOE en su política ¿anti?-terrorista y su política nacional en general. Esto puede hacer que haya algún tipo de reacción dentro del partido y que se replantee su política nacional. Cada voto para el PP es un voto contra Zapatero.

  2. Que un personaje como Miguel Sebastián, un sinvergüenza rencoroso, mentiroso y cobarde, sea barrido en las urnas. Comportamientos como el de Sebastián al frente de la Oficina Económica del Gobierno deben ser deterrados de la política nacional.

  3. A favor de Gallardón, hay que decir, que es un personaje sumamente inteligente y brillante.

En contra de Gallardón hay varios argumentos, por supuesto:

  1. Es un oportunista que va a lo suyo, se promociona a sí mismo. No sigue la línea de su partido en temas fundamentales como el matrimonio entre homosexuales, mostrándose dispuesto a oficiar bodas entre homosexuales para ganarse el marchamo de "progre". No es leal con su partido.

  2. Es un megalómano que se ha gastado el dinero de las futuras generaciones madrileñas en unas obras innecesarias. Innecesario es enterrar una carretera debajo de un río, por muy bien que quede.

  3. Es mentiroso porque nos vendía su mercancía diciendo que antes de que él viniera Madrid era un "poblachón manchego". Menos mal que ha sido alcalde, porque estaba harto de oler a oveja en mi calle.

  4. Es intervencionista y tan socialista como los otros, aunque de otro partido. Recordemos sus vacías y cursis propuestas culturales recogidas aquí el otro día.

Con estas consideraciones, ¿Qué hacer? ¿Taparse la nariz y votar a Gallardón a pesar de que no nos gusten muchas cosas de las que haga? ¿Ser como los socialistas que sólo votan a los de su "secta" porque son los suyos sin pensar lo que hacen? ¿Premiar a un político sin principios que traiciona a sus electores? ¿Qué pesa más lo estructural o lo coyuntural? ¿Es mejor castigar a Zapatero o a Gallardón? ¿Es mejor premiar a Rajoy o a Sebastián? No se engañen, se vota contra alguien. Para eso se inventó la democracia, para echar a los malos.

El voto es secreto. Pero piénsenlo bien.