martes, 8 de febrero de 2011

Españoles de primera y de segunda


Algo nos habían dicho los medios de la derecha extrema de que el Estatuto de Cataluña consagraba una desigualdad entre españoles al darle a los catalanes algunos privilegios que el resto nos disfrutábamos. El gobierno, con su proverbial talante de cordón sanitario, nos decía, sin embargo, que los que decían que se rompe España eran unos agoreros.

Ayer descubrimos en qué consiste el nuevo Estatuto. Cataluña se podrá endeudar por encima de los límites que el mismo gobierno le marca al resto de CC.AA. y Ayuntamientos como Murcia, Castilla La Mancha y la ciudad de Madrid. Los catalanes sí son diferentes. Pueden gastarse el dinero en embajadas, televisiones, cines lingüísticos y promoción del "pa amb tomaca". El déficit será generosamente financiado por la odiada España y les permitiremos endeudarse por encima del resto. Aunque nos cueste un ojo de la cara al resto de los españoles.

Lo explica bien Manuel Llamas en Libertad Digital:

Ante esta dramática situación presupuestaria, Mas ha señalado que "la necesitad de ajuste es fuerte". Evidente, pero ¿en cuánto cifra el
president dicho ajuste? Según el Plan de Estabilidad elaborado a tal efecto, la Generalidad tan sólo se compromete a reducir en un 10% interanual el gasto público para 2011, unos 3.000 millones de euros.

Una cifra claramente insuficiente para estrechar la gran brecha fiscal existente. De ahí, precisamente, que Mas haya recurrido a Zapatero para cubrir la diferencia a cambio, eso sí, del ya habitual apoyo parlamentario en el Congreso. Dicho y hecho, el Estado avalará (con el dinero del resto de los españoles) la emisión de nueva deuda catalana. Sin embargo, siendo esto grave, la clave del pacto alcanzado reside en que Mas ha reclamado, igualmente, que la financiación estatal que perciba su comunidad el presente ejercicio sea idéntica a la del año pasado.

¿Y esto que quiere decir? Pues que, simplemente, Cataluña percibirá, vía financiación autonómica, mucho más dinero del que le correspondería en base a la evolución de la recaudación fiscal. De hecho, según las últimas estimaciones de ejecución presupuestaria, la Generalidad percibió del Estado un 37% más en 2010 de lo que realmente tendría que haber recibido. Así pues, Cataluña no pagará sus dispendios sino que será el resto de contribuyentes españoles los encargados de afrontar tales desmanes por obra y gracia del sistema de solidaridad interterritorial. En el juego del café para todos está claro que a algunos éste se les sirve mucho más cargado que a otros.

¿No será que el taimado Mas ha chantajeado a Zapatero bajo la amenaza de levantar las alfombras del desastre montillesco?¿O es a cambio de unos cuantos votos para ir tirando?

Lo que está claro es que mientras los españoles estemos dispuestos a pagar la fiesta catalana, España no se romperá. Eso sí, nos saldrá carísima.