lunes, 26 de julio de 2010

Johannesburgo (III). Soweto

(It is said that no one truly knows one country until one has been inside its jails.
A country should not be judged by how it treats its highest citizens, but its lowest ones
And South Africa treated its imprisoned African citizens like animals)

Después de la interesante visita a Constitution Hill, el chófer me lleva al edificio más alto de África, en CBD (Central Business District) o lo más comúnmente llamado "downtown" de Johannesburgo. Es una zona de oficinas y residencial que fue abandonada por los blancos y las empresas después del fin del apartheid y tomada por la población negra y por mafias y delincuentes, que lo hacen extremadamente peligroso. Desde luego, es mejor no asomarse por ahí solo y menos con pinta de turista despistado intentando encontrar una calle. La calle está llena de negros que no hacen nada aparentemente, o sea, que están a la expectativa de robar a alguien. Mis colegas que están trabajando allí no pueden salir de sus oficinas más tarde de las cinco y media pues corren serio peligro de ser asaltados. Hace unas semanas, a uno de la oficina le atracaron a punta de pistola.

La vista desde Top of Africa es muy buena y permite hacerse una buena idea de la ciudad. Es tremendamente extensa y es considerada la ciudad del mundo número 40 en tamaño: 7,5 millones de habitantes, incluyendo Soweto y otros suburbios del gran JHB.

De CBD, pasando por Hilbrow, otro área residencial antaño próspera y tomada por los negros, con un alto nivel de delincuencia, nos dirigimos a Soweto, el township por excelencia, famoso por los disturbios del año 76, cuando los jóvenes se enfrentaron a la policía por la obligatoriedad de utilizar el afrikaans en el colegio. 500 personas murieron en aquellos disturbios, siendo Hector Pieterson, un chico de 12 años, el primero en caer. Cerca de la casa de Mandela hay un memorial y un museo dedicado a este acontecimiento tan tremendo. En el museo del apartheid se ven vídeos de los disturbios y de la violencia que se desató esos días.

si bien soweto parece un nombre africano, en realidad es la abreviatura de "South Western Townships", un conjunto de distritos de segregación que se extendían en un área de 20 km al suroeste de Johannesburgo. Fue desde el principio el producto del plan de segregación racial.

Klipspruit, el primer "township" de los que constituyen el actual Soweto fue fundado en 1904. Los townships se establecieron para albergar a los negros que trabajaban en las minas y otras industrias en Johannesburgo, fuera del centro de la ciudad. El centro de la ciudad estaba reservado para que lo ocuparan los blancos.

Fue en los años 50 cuando se hicieron las reubicaciones masivas de la población negra de los barrios céntricos y en 1963 fue cuando se adoptó el nombre de Soweto. Soweto creció muy rápido a partir de entonces, aunque de una forma desordenada. El gran flujo de inmigrantes del campo a la ciudad en busca de trabajo aceleró el crecimiento de estos guetos alrededor de Johannesburgo, la ciudad del oro. Paseando por las calles de Soweto en la actualidad es muy difícil imaginar lo que debió ser esto hace no más de 20 años. Está bien urbanizado, es pobre pero no es cochambroso y las casas se ven razonablemente cuidadas. Supongo que vi lo más presentable de Soweto y que el chófer no me llevó a los sitios más pobres y conflictivos, que seguro que los hay.

En Soweto, además del memorial a Hector Pietersen, está la casa de Mandela y la de Desmond Tutu. Comí en un restaurante en la zona donde se encuentran éstas una comida típica sudafricana. Tripa de vaca, cordero, arroz y verdura. La tripa de vaca sabía muy fuerte. Era como si uno se metía un establo en la boca. El estofado no había suavizado el tremendo sabor a vaca. El cordero, como diría un amigo mío, no era el cordero, sino su abuelo. El típico cordero viejo con sabor a lana. En definitiva, una comida tremendamente fuerte. El chófer se zampó un plato rebosante de todos estos comistrajos que yo apenas comí para satisfacer el apetito que tenía a esas horas.