miércoles, 28 de julio de 2010

Johannesburgo (V). Museo del Apartheid


Tercera y última entrega de mi paseo por Johannesburgo. Después de comer en Soweto el chófer me lleva al Museo del Apartheid, que curiosamente está en el mismo recinto que un parque de atracciones en una antigua mina de oro.

El museo del apartheid es un museo para ir solo y sin prisa. La cantidad de material que hay es enorme y no se puede asimilar mínimamente en menos de dos horas. Es un museo extraño pues lo único que tiene son textos y vídeos sobre la ignominiosa política de segregación racial que se practicó en Sudáfrica durante décadas. La visita es interesante por la emoción que produce el largo camino a la libertad (así se titula la autobiografía de Mandela) de los negros sudafricanos.

El apartheid no se convirtió en una política como tal hasta el año 1947. Antes de esa fecha, eran una serie de reglas no escritas que retenían a los negros en los townships y que no les dejaban votar. Sin embargo, en 1947, cuando ganó las elecciones el Partido Nacionalista en coalición con el Partido Afrikaans, promulgó las leyes del apartheid:
  • Los negros no podían ocupar posiciones en el gobierno y no podían votar excepto en algunas aisladas elecciones para instituciones segregadas.
  • Los negros no podían habilitar negocios o ejercer prácticas profesionales en las áreas asignadas específicamente para los blancos.
  • El transporte público era totalmente segregado.
  • A los negros no les estaba permitido entrar en zonas asignadas para población blanca, a menos que tuvieran un pase. Los blancos también tenían que portar un pase para entrar en las zonas asignadas a los negros.
  • Edificios públicos tales como juzgados u oficinas de correos, disponían de accesos diferentes para blancos y negros.
  • Las áreas asignadas a los negros raramente tenían electricidad o agua. Los hospitales también eran segregados: los hospitales para los blancos tenían la calidad de cualquier nación desarrollada, mientras que los asignados a los negros estaban pobremente equipados, faltos de personal y eran muy pocos en relación a la población que servían.
  • En 1970 la educación de un niño negro costaba el 10% de la correspondiente a un blanco. La educación superior era prohibitiva para los negros.
  • El ingreso mínimo para el pago de impuestos era de 360 rand para los negros y mucho más alto para los blancos, unos 750 rand.
Ante esta legislación, se empezó a rebelar el CNA (Congreso Nacional Africano) que celebró su primer congreso en Kliptown en 1951. Los disturbios fueron definitivos para poner Sudáfrica en el mapa de la lucha por los derechos humanos. La presión internacional, la muerte prematura de Pieter Botha y la llegada al poder de Frederik De Klerk precipitaron el fin de las leyes discriminatorias, la liberación de Mandela y la nueva democracia sudafricana en 1996. Suerte que han tenido los sudafricanos de que el apartheid fuera un régimen derechista y el CNA tuviera un origen comunista. Eso ayudó a que los progres occidentales presionaran al gobierno Afrikaans. Los cubanos no han tenido la misma suerte. Y es que siempre habrá oprobios buenos y oprobios malos.