domingo, 9 de septiembre de 2007

Necesitamos un Churchill


He leído recientemente el libro Cinco días en Londres, mayo de 1940, de John Lukacs. Es un relato histórico de los acontecimientos que transcurren entre el viernes 24 de mayo y el martes 28 de mayo de 1940, cuando Gran Bretaña se ve abocada a la guerra contra Alemania. Son los días en los que Inglaterra está postrada militarmente, retirándose de Dunquerque ante el empuje de los alemanes, que han invadido Francia en unos pocos días sin encontrar resistencia de franceses ni británicos.

Churchill había sido nombrado primer ministro tan sólo dos semanas antes, el 10 de mayo, tras serias desavenencias y discrepancias políticas con Chamberlain, Halifax y otros miembros del partido conservador, partidarios del apaciguamiento y de la negociación con Hitler. Churchill, como es bien sabido, fue uno de los pocos políticos británicos que habló con claridad de enfrentarse a Hitler en los años previos a la guerra.

En la página 193, el autor dice: "...mi tesis de que quien se cruzó en los designios de Hitler no fue otro sino Winston Churchill. En mayo de 1940 ni los Estados Unidos ni la Unión Soviética estaban en guerra con Alemania. En ese momento, había razones para que un gobierno británico sopesase la posibilidad de una salida negociada, al menos temporal, con Hitler. Churchill reflexionó y dijo: no, hasta los más prudentes contactos iniciales implicarían peligro, caer por una pendiente resbaladiza; tenía razón, y no sólo en el sentido moral. Si Gran Bretaña hubiese depuesto las armas en mayo de 1940, Hitler habría vencido su guerra"

En estos tiempos de alianzas de civilizaciones con gente que quiere acabar con nuestra cultura o pactos con supuestos hombres de paz que quieren acabar con nuestro país, necesitaríamos un Churchill que defendiera más allá de conveniencias personales las razones morales y la presencia de ánimo necesarias para resistir a los embates del enemigo. Soy pesimista.