jueves, 20 de septiembre de 2007

Clientelismo


Paco me manda un mail que me parece más que adecuado para la entrada diaria en el blog.


Ayer Solbes hizo un tremendo papelón en el Congreso, diciendo que ahora sí cuadra todo y que hay dinero de sobra, rebajándose a la altura del betún. Una cosa es que Blanco mienta más que habla… es su rol y el pobre no tiene luces para nada más que crear crispación… pero Solbes es (era) un profesional… y lo más indigno para un profesional es tener que decir lo contrario de lo que cree.

Definición de CLIENTELISMO:

El clientelismo político es un sistema extraoficial de intercambio de favores, en el cual los titulares de cargos políticos regulan la concesión de prestaciones, obtenidas a través de su función pública o de contactos relacionados con ella, a cambio de apoyo electoral.
En un sistema de clientelismo, el
poder sobre las decisiones del aparato administrativo del Estado se utiliza para obtener beneficio privado; el patrón —sea directamente un funcionario él mismo, u otra persona dotada de suficiente poder como para influir sobre los funcionarios— toma decisiones que favorecen a sus clientes, y que éstos compensan con la perpetuación en el poder del funcionario implicado o de su entorno. La relación puede fortalecerse mediante la amenaza de utilizar esa misma capacidad de decisión para perjudicar a quienes no colaboren con el sistema.
Tomado de
Auyero, Javier (1997), Favores por Votos, Buenos Aires: Losada.


Al hilo del mail de Paco, recupero el prólogo del libro de Pedro Schwarz, En busca de Montesquieu, que recomiendo a todo el que esté interesado en el pensamiento liberal:


La idea de que la Administración pública lo puede todo había llevado (en el s.XX) poco a poco a los ciudadanos a comportarse como los siervos en una plantación caribeña bien administrada, en la que el ejercicio de la libre elección, acudiendo con dinero propio a mercados competitivos, estaba desapareciendo. El Estado se encargaba de todo lo importante: el cuidado y la educación de los hijos, la salud de la familia, el control de los alimentos, la jornada y condiciones de trabajo, los permisos para crear una empresa, el ejercicio del derecho de propiedad, la edad de jubilación, la pensión de los trabajadores, la atención a los mayores, la difusión de la cultura, hasta el idioma en el que expresarse. Para los individuos, con su menguada renta disponible sólo quedarían las decisiones sobre qué placeres buscar y cómo divertirse.


Yo había dicho algo parecido en otra entrada en el blog hace tiempo, aunque con menos brillantez que el sr. Schwarz, por supuesto.