viernes, 23 de octubre de 2009

Un cúmulo de despropósitos


Ayer volviendo de Barcelona sufrí una acumulación de despropósitos que hicieron que el vuelo se retrasara más de una hora y media. El primer retraso fue causado por un avión de Air Nostrum que aterrizó sin tren de aterrizaje y que bloqueó una de las pistas de El Prat. Una vez en camino a la pista para el despegue, un individuo de color (negro, como dirían Les Luthiers), se negó a apagar el móvil y nos hizo volver al edificio terminal para que la policía (cuatro, nada menos) lo sacara del avión esposado. Por último, cuando ya estábamos otra vez en la pista, arreció una tremenda tormenta sobre Barcelona con vientos huracanados que nos impidió despegar.

Por suerte, me había encontrado a mi amiga Ana en el aeropuerto y había cogido varios periódicos en la sala de embarque. Expansión traía el suplemento Cataluña, que me sorprendió por el escaso calado de las noticias: una conferencia propagandística de Spanair (la compañía de bandera catalana, subvencionada por la cosa nostra, ese tinglado de intereses cuasi mafioso) en IESE, la puesta en marcha de un motor en el Puerto de Barcelona, la apertura de una nueva tienda de Compro Oro, subvenciones a Lear, una empresa de automoción por parte del Govern, el liderazgo de Sant Boi como marca en el mundo psiquiátrico (supongo que es donde salen los de ERC) y el chantaje a las distribuidoras de cine para que doblen las películas al catalán.

Todo, tremendamente pueblerino y con un aire de provincias que echa para atrás. Definitivamente, Barcelona ha perdido el pulso de ciudad económicamente relevante y se ha quedado como un laboratorio de experimentación socialista hacia la ruina. Eso sí, con una aerolínea a la que el Gobierno español va a sostener para que no quiebre. Es lo que tiene ser de la famiglia.