miércoles, 29 de octubre de 2008

Nuestras lumbreras locales


El Confidencial en un empeño por ser más plural, o por fastidiar a sus lectores de derechas, ha incorporado a esta prestigiosa columnista. Su último artículo es un ejemplo del nivel intelectual de nuestras lumbreras locales. Quién diría que ha sido ministra.


Desgraciadamente el darwinismo no funciona con los políticos, que son capaces de adaptarse al medio para sangrar a los ciudadanos para sobrevivir. De qué iba esta mujer a escribir en ningún sitio si no fuera porque ha estado dorándole la píldora al bellotari Ibarra en Extremadura. ¿Qué mérito tiene? Atención, que es doctora con premio extraordinario por la Universidad de Extremadura. ¿Quién será el rector de tan prestigiosa universidad de rango mundial? Ya se sabe: Harvard, Yale y Extremadura.


Aparte de las ideas, que no sé si en la Universidad de Extremadura doctoran en empanada mental, la redacción es penosa. Un ejemplo:


Asistiremos a la visualización de una realidad que contradice el presunto darwinismo del que tan alegremente se apropian algunos teóricos que defienden la libertad de mercado.

No entiende lo que es el mercado y lo compara con los bisontes que son cazados para dar de comer a los trabajadores del ferrocarril. Señora Trujillo, el mercado es un lugar, físico o no, donde se encuentran personas que quieren intercambiar bienes libremente. No es otra cosa. Yo creo que esta mujer, que no conoce otra cosa que la coacción estatal, se ha confundido y realmente estaba comparando al Estado con los cazadores de bisontes, quiero decir, de ciudadanos. Efectivamente, es el ciudadano lento y torpe (normalmente asalariado) el que no tiene medios para escapar de los Winchester de repetición que son las leyes impositivas.


Actualmente estamos asistiendo al fin de un modelo económico desastroso, como diría Stiglitz, pero no sabemos si la refundación del capitalismo sobre bases éticas, propuesta por Sarkozy y Brown, nos traerá, -además de anécdotas fuera de tiempo y lugar- un nuevo y distinto papel del Estado en la economía.


La refundación del capitalismo sobre bases éticas. Ni el capitalismo ni el mercado tienen ética. La ética la tienen las personas que trabajan y que compran y venden en el mercado todo lo libremente que el Estado les deja. Y los políticos no pueden dar muchas lecciones, me parece. Un nuevo papel del Estado en la economía. ¡Ojalá! Eso es lo que necesitamos. Menos intervención, menos impuestos y menos confabulación del Estado con los empresarios aprovechados, que es lo que ocurre ahora.


Es más, en el medio natural, las especies no son mejores ni peores. Por tanto, no existe el concepto del mejor operador del mercado, pues las propias interdependencias de las relaciones dentro del mercado hacen que estos no puedan existir sin el resto de los operadores, pues su existencia depende de la presencia de los otros. Un ejemplo claro de ello son aquellos virus que son tan letales que se extinguen porque matan a sus huéspedes rápidamente sin permitir el contagio a otros. En sentido negativo, es un virus excelentemente adaptado a su papel patógeno, pero su persistencia en el medio es ínfima. Como ejercicio intelectual es atractivo comparar dos sistemas de tipo caótico como son el mercado económico y la evolución. Podemos establecer paralelismos entre uno y otro. Pero hay una diferencia clara: el mercado debería conseguir una mejora de las condiciones para la mayoría de sus componentes, no para unos pocos, presuntamente bien preparados. La naturaleza ya hace millones de años que lo ha conseguido. Se llama equilibrio ecológico. Aprendamos pues de nuestro pasado.


No aprenda más, señora Trujillo, de su pasado como virus estatal. Qué obsesión por el orden la de estos progresistas. ¿No han aprendido todavía que la infinidad de interacciones humanas que es el mercado no se pueden ordenar ni racionalizar? Ni el mejor ordenador del mundo lo podría hacer. Porque no hay patrones de conducta fijos de las personas. Pero que deje de escribir y empiece a leer un poco a Popper. O "liberalismo para bobos". No entiendo cómo Cacho ha caído tan bajo de poner a esta elementa en su periódico. Es peor que el blog de Pepiño.