domingo, 28 de diciembre de 2008

La democracia traicionada

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Estos días previos a la Navidad, hemos vivido un triste episodio, uno más, que corrobora la inexistencia de una soberanía nacional española. Esta ha sido sustituida por obra y gracia del presidente del Gobierno, con la complicidad de los llamados "barones" taifeños de ambos partidos políticos. El motivo ha sido la financiación autonómica, el método de reparto entre las CC.AA. del dinero recaudado por los impuestos de todos los españoles, excepto de los no-españoles a efectos fiscales vascos y navarros.

La cosa empieza con los pedigüeños catalanes, a los que no les llega el dinero para tuneo de coches oficiales, colocación de hermanos y otros allegados en cargos sin sentido o la subvención con visos de corrupción de actividades marginales. Todo para contribuir a una supuesta construcción nacional que pocos reclaman y que a tantos frustrará cuando consigan, cubriéndoles con un espeso manto de melancolía por la inutilidad de su esfuerzo. Muchos creen todavía que lo malo que les pasa es culpa de "Madrit" y apoyan a sus políticos en la lucha por más autonomía, más dinero, más poder, por una libertad de la opresión del Estado español.

La cosa empezó con unas reuniones entre Montilla y Zapatero con la coartada Chaves. Andalucía ha contribuido grandemente al desarrollo catalán. Primero con cantidades ingentes de mano de obra barata que contribuyó a desarrollar la industria, con un enorme mercado interior ganado a base de aranceles que empobrecieron a los españoles y, ahora, con el apoyo político del virrey local a las reivindicaciones políticas catalanas. Ya empezó con el Estatuto "nacional" andaluz.

El aquelarre autonómico en la Moncloa siguió con la visita servil de Esperanza Aguirre a la Moncloa en una de las meteduras de pata más sonadas de la carrera de esta ambiciosa mujer. Y lo es porque con esta visita en la que se reúne a solas con Zapatero da carta de naturaleza a la negociación entre autonomías y el Estado central, derribando de un sólo golpe el poder de la soberanía nacional representado en el Parlamento, hurtando el debate a los ciudadanos, aviniéndose a componendas extraparlamentarias. Se ha escudado en que ha acordado con Zapatero que mantendrá el modelo multilateral pactado con las CC.AA.. Después ya han venido a recoger las migajas Camps y otras autonomías de poca monta que no deberían existir. De esta forma, el Partido Popular certifica la muerte del sistema democráctico español para sustituirlo por un modelo cuasi confederal en el que las CC.AA., representando a sus habitantes negocian con el Estado los temas de interés. El Parlamento sólo servirá para representar la pantomima, para darle apariencia de legalidad a la gigantesca traición de los partidos a sus votantes. Y se habrá consumado la segunda transición tan querida por Zapatero y sus consejeros áulicos hacia el federalismo, más bien confederalismo.

En cuanto al sistema de financiación autonómico, otro día lo comentaremos, que si no el comentario se hace demasiado largo y algunos lectores se quejan.