lunes, 15 de marzo de 2010

De los gallegos

El sábado, Arcadi Espada les metía caña a los galleguistas a propósito de la estúpida polémica levantada por las palabras que Rosa Díez le dijo a Zapatero. Algo así como que era un gallego en el sentido peyorativo de la palabra. Ya se sabe que gallego no puede ser peyorativo salvo pena de excomunión del progresismo cantonalista que nos aqueja, sea de izquierdas o de derechas. Esta mezcla de aldeanismo y pensamiento blando que impera en cada vez más rincones de la piel de toro convertida en piel de oveja.

Y de vuelta leo a Julio Camba, el mejor escritor de Villanueva de Arosa, porque para eso sirven los muertos. Para eso y para hacer artículos, lo comprobarás. ¡Qué bobada ésa de que el periodista deja de escribir artículos cuando muere!«Encontrándome en América, yo me permití silbar el día del estreno una obra española, lo que me valió acres censuras por parte de algunos distinguidos coterráneos. En vano yo procuraba demostrarles que la obra era mala. Ellos sostenían que, representadas en el extranjero, todas las obras son buenas, aun las del propio señor Linares Rivas, y que al silbar aquélla me estaba conduciendo como un mal patriota. ¿Cómo convencerlos de que el mal patriota era el autor y de que el patriotismo consistía precisamente en silbarlo?»
«No creo que haya un idioma distinto del castellano. Lo que sí creo es que se podría inventar. Conozco lenguas medievales que se han fabricado en estos últimos treinta años, de acuerdo con todos los adelantos filológicos. Con una pequeña base se hace una lengua en menos tiempo del que se necesita para hacer un partido político.»
«La última vez que yo estuve en Galicia, Galicia era una de las más hermosas regiones españolas. Ahora ha ascendido a la categoría de nación. (…) Y en efecto, ¿por qué no? Una nación se hace lo mismo que cualquier otra cosa. Es cuestión de quince años y de un millón de pesetas. Con un millón de pesetas yo me comprometo a hacer rápidamente una nación en el mismo Getafe, a dos pasos de Madrid.»
«El regionalismo gallego es de una cursilería desesperante. Hay que ser gallego “a mucha honra”. Y para mí no es honra ninguna ser gallego, porque considero que también es gallego
Cao y Durán. Galicia es un país encantador, pero tiene un inconveniente: el galleguismo. ¡Gallegos que viven de ser gallegos y que llevan tantos o cuantos años de gallegos militantes! ¡Un gran gallego! Es decir, un hombre que es más gallego que los otros… No lo comprendo.»
«Pero usted —suelen decirme por aquí— no es un verdadero amigo de Galicia. No. No soy amigo de ninguna región ni de ninguna provincia. Yo creo que se puede ser amigo de una muchacha, de un compañero —que ya es mucho decir— y hasta de un senador vitalicio. Pero las amistades con las provincias me parecen demasiado presuntuosas. Jamás he comido con ninguna.»

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«El uso de adjetivos eficientes para describir políticos y estilos de hacer política es una práctica muy frecuente en los Estados Unidos. Desde la llegada de Obama a la Casa Blanca, por ejemplo, se ha puesto muy de moda la expresión Chicago-style, en un sentido absolutamente peyorativo (que ya existía desde hace décadas, claro): se refieren a un estilo corrupto, sin escrúpulos y personalmente agresivo. Cosas de la economía lingüística, supongo. Sería posible, claro, expresar lo mismo con otras palabras (aunque casi seguro que no con tan pocas), pero ¿hay algún motivo razonable para hacerlo? No tengo noticia de que nadie en Chicago se haya sentido nunca ni remotamente ofendido por la expresión.»