viernes, 12 de noviembre de 2010

Café solo


- ¿Qué haces? -Le pregunta un amigo a otro.
- Me estoy tomando un café solo.
- ¿Solo te tomas un café o estás tomando un café solo?
- Estoy solo tomándome un café solo.
- Pero, ¿estás solo o es que no te han puesto churros con el café?

El diálogo podría seguir hasta el infinito por culpa de la tilde de la palabra solo, que acaba de desaparecer por gracia de los académicos clitorixianos (que así, con x, lo escribió el académico Cebrián). Nuestros académicos, siempre atentos al progreso de la lengua, se han sacado de la manga la nueva Ortografía de la Lengua Española. La reforma facilita mucho las cosas, especialmente a los ágrafos, poniendo de manifiesto que la Academia empieza a resbalar por la pendiente de lo facilón y sin esfuerzo. Lo recto se dobla para que aunque la gente resbale entre tildes, haches y yés nadie lo note.

Lo decía muy bien Antonio Burgos el otro día en ABC:
Ea, pues a freír espárragos trigueros otra vez las normas ortográficas tan trabajosamente aprendidas, con la nueva edición de la «Ortografía de la Lengua Española». A partir de ahora, usted quedará como una antigüedad, como los decimonónicos que acentuaban la preposición «á», si le sigue poniendo tilde al adverbio «sólo». Hablando de la acentuación de «sólo»: si lo pone se quedará usted con su acento más solo que los de Tudela. Me da la impresión de que a la ortografía le ha llegado la igualación por abajo y hacia lo más facilongo y productivo que se impone en todos los órdenes de la vida española. La lengua no iba a ser una excepción.