jueves, 25 de noviembre de 2010

España no es Irlanda


Ni falta que me importa, que diría aquél.

En realidad, España es peor que Irlanda, pues la capacidad de recuperación de España una vez caída en el pozo, se me antoja menor que la de Irlanda. Está claro que ya no podemos engañar a mucha gente y que la desconfianza en nuestra capacidad de devolver las deudas que contraigamos en el futuro sube cada día.

Ayer tuve la ocasión, durante el viaje a Sudáfrica de leer una buena pila de periódicos: cuatro periódicos nacionales (El Mundo, El País, ABC y El Economista) y tres internacionales (WSJ, IHT y FT). Todos ellos plagados de análisis sobre la crisis de deuda soberana europea. Todos coincidían en culpar a Merkel del incremento del riesgo país. Efectivamente, Merkel se niega a que los rescates de los Estados quebrados europeos se hagan única y exclusivamente con cargo a los contribuyentes europeos y sostiene que si hay rescates, los poseedores de deuda pública tendrán que aceptar quitas en sus activos. Es lógico, pues todo inversor sabe que cualquier inversión tiene un riesgo de no conseguir el retorno esperado. Lo que ocurría hasta ahora es que los inversores en bonos europeos pensaban que nunca se dejarían de pagar. Eso ayudaba a que las tipos de interés fueran menores. A menor riesgo, menor tipo. Es lógico que Merkel quiera proteger a sus ciudadanos, y por ende, su carrera política, del riesgo de cargar con los excesos de gentes como Zapatero, Papandreu y demás caterva insolvente. Quizás lo criticable es anunciarlo. Lo lógico habría sido hacer las quitas directamente a la argentina, como defendía alguien. Es decir, entrar en "default", renegociar la deuda y listo. Quizás sería peor esa situación a largo plazo.

Todo lleva a que hemos vivido durante muchos años por encima de nuestras posibilidades, gastando tanto el Estado como las familias más de lo que podían sostener a largo plazo y ahora se ven los resultados. Hasta el riesgo país se ha visto favorecido por el paraguas de la UE, hasta que los alemanes y los franceses se han hartado de, como se dice ahora, "la periferia de Europa", los PIIGS, nosotros.

El País era el único que rompía la unanimidad. La culpa de la situación de desconfianza de los inversores en la deuda española era ¡del PP! Sabía que Rajoy era malo, pero no me podía imaginar que lo fuera tanto que sin gobernar estuviera poniendo en riesgo la prosperidad de España. Lo de El País es realmente brutal. En el editorial de ayer titulado El PP tiene una deuda decía lo siguiente:

La tarea política prioritaria hoy es recuperar la confianza en la solvencia de las finanzas españolas. Pero el Gobierno no es la única institución implicada en esta labor. El primer partido de la oposición, el PP, tiene una responsabilidad manifiesta en la gestión del gasto público. Gobierna en varias autonomías y en muchos Ayuntamientos. Las costuras de la economía, intensamente presionadas por la falta de crédito y el hundimiento de la demanda, han empezado a romperse por los impagos de comunidades y Ayuntamientos a proveedores; se destruyen empleos y empresas, al tiempo que, por desgracia, no se coordinan políticas de contención del gasto y de la deuda en las instituciones que controlan más del 60% de los recursos del país.

El PP tiene una deuda de responsabilidad con la economía española. Una parte del déficit que pesa sobre las instituciones es imputable a decisiones tomadas por Gobiernos del PP. Puede eludir su responsabilidad, como ha venido haciendo hasta ahora, manteniendo la estrategia de desgaste del Gobierno sin aceptar ningún acuerdo que mejore la estabilidad económica; o puede honrarla, aceptando una negociación de un amplio acuerdo que contribuya a moderar el endeudamiento y el gasto de autonomías y Ayuntamientos y respalde el plan de austeridad del Gobierno. Ese acuerdo, que el Gobierno está obligado a proponer con criterios realistas, es imperativo porque a corto plazo resulta imposible mantener los niveles de gasto autonómico y local y es probable que en 2011 sean necesarios nuevos y drásticos recortes.

Es decir, que el PP tiene que ayudar al Gobierno en un pacto que éste todavía no ha propuesto. Más o menos lo mismo decía Javier Pradera unas páginas antes que anticipaban el editorial:

En el Pleno del Congreso de la pasada semana, Rajoy atribuyó el desmesurado crecimiento del desempleo a la personalidad y a la política de Zapatero. Cuatro millones ochocientos mil parados "ni surgen de repente ni se acumulan sin más": son el fruto de "una incompetencia concienzuda, voluntariosa y perseverante". El actual presidente del Gobierno "heredó un país próspero y lo deja en la ruina: se le dejó al alcance de la mano el pleno empleo y ha sembrado España de familias en paro". El principal problema de la economía española es Zapatero; mientras siga en el poder será imposible "que amanezca para los parados" a la luz de la cadena causal formada por la recuperación de la confianza, la circulación del crédito, el relanzamiento de la inversión y la creación de empleo.

En una cosa tiene razón Javier Pradera y es el error garrafal del PP y de Rajoy el identificar la crisis con Zapatero, pues parece que la victoria electoral de Mariano será el bálsamo de Fierabrás que curará todos nuestros males. Nada más lejos de la realidad y ahí se las darán todas.