viernes, 7 de enero de 2011

Vendidos a los chinos


La prensa anda regocijada por la venida del viceprimer ministro chino Li Keqiang y ha sido calificado de nuestro particular Mr. Marshall que ayudará a paliar las dificultades de financiar nuestra deuda en este año 2011. No se dan cuenta políticos y periodistas del impacto desmoralizador que esto podría tener en la población española, si ésta reflexionara un poco. Como decían esta mañana en la radio, el proceso de empobrecimiento progresivo en el que estamos ha hecho que lo que en mi infancia eran cuestaciones para ayudar a gente en países como China se haya convertido en la ignominia de recibir a un destacado dirigente de una sangrienta dictadura comunista como nuestro salvador.

¿Sabrá el señor Li que aquí cuando se tima a alguien decimos que le hemos engañado como a un chino? Supongo que estará avisado y ya hoy nuestra deuda cotiza al alza. Es decir, que los chinos comprarán deuda, pero al tipo de interés del mercado. Es decir, como cualquier otro inversor normal y corriente. ¡Burda propaganda!

Jaime de Piniés en Libertad Digital
desinfla este optimismo desinformado:

En cuanto a la deuda española en sentido estricto, es decir todo aquello que da lugar a pagos fijos, bien sean de interés o amortización y no variables, el monto ascienda a 1.767.557 millones de euros y ha experimentado un crecimiento del 1,8% en relación al mismo periodo del pasado año; debido, sobre todo, al endeudamiento de todas las Administraciones Públicas, que ha crecido al 12%.

Tanto en su vertiente de deuda en sentido estricto como en la más lata de pasivo exterior, el problema del endeudamiento español es espinoso precisamente porque sigue creciendo y hay límites a lo que se puede pedir al mercado por mucha simpatía y alivio que nos quiera aportar el camarada Li. Seguimos anclados en un diferencial del bono español a 10 años frente a Alemania de cerca de 250 puntos básicos y esto es muy caro para nuestra maltrecha competitividad. Supongo que nuestros invitados asiáticos leerán con cierto pavor las denuncias de Artur Mas que apuntan a un déficit público en Cataluña que supera el 50% de lo conocido hasta hace unos pocos días. Un camino de rectificaciones que recuerda el trazado por Grecia e Irlanda. ¿Qué sorpresas envenenadas tendrán las demás comunidades autónomas? El tiempo lo dirá.

Suponiendo que hay límites al crédito que podamos pedir como nación, hay solo tres formas para dar vuelta al difícil problema del pasivo neto: una, devaluación e inflación (opción no permitida dentro del euro); dos, mejorar nuestra competitividad (algo que requiere bastante más esfuerzo y reformas que las emprendidas por nuestro Gobierno y, casi con toda seguridad, también un recorte de los salarios reales y demás factores de coste que podamos controlar); y tres, seguir frenando la demanda nacional (senda en la que nos encontramos y que habida cuenta a que el pasivo neto sigue creciendo, dibuja un largo periodo de estancamiento). Todas estas vías de corrección tienen costes y el transcurso del tiempo hace que algunas opciones dejen de ser políticamente viables, léase, la tercera opción. Cuando llegue ese momento veremos si optamos por el camino de las reformas y la sensatez económica, ojala sea así, o por el abandono del euro. El tiempo también lo dirá.