jueves, 5 de marzo de 2009

Seguir a la masa

Me gustan los experimentos psicológicos. Ya hace unos meses colgué en el blog el famoso experimento de Milgram que se utilizaba en la película I como Ícaro. Hoy he descubierto otro vídeo en el que se describe otro experimento realizado por Solomon Asch y que de alguna manera inspiró el de Milgram.



El experimento
El experimento se basa en el engaño. En esta ocasión, el individuo participa en un experimento en el que se evaluará su percepción visual. A grupos de cobayas humanas se les mostrarán dos tarjetas.


* En la tarjeta A hay una línea vertical pintada
* En la tarjeta B hay tres lìneas verticales, una de las cuales tiene el tamaño de la línea de A.
* El cobaya, sin ser consciente de ello, siempre será de los últimos en ser preguntado.

Los sujetos dirán en voz alta cuál de las líneas de B tiene el tamaño de la de A.

La trampa

En realidad, los compañeros del grupo del individuo observado conocen la trampa del experimento y deben equivocarse a propósito a partir de la segunda o tercera ronda de tarjetas. Nuestro cobaya humano empieza a preguntarse si su percepción visual es correcta. Por miedo a ser visto como un tipo raro o queriendo resguardarse al calorcito de la opinión del grupo, comenzará a fallar a propósito, dando respuestas en evidente contradicción con lo que sus sentidos le dicen.

Conclusiones

* Un 5% de las personas siguen el 100% de los juicios del grupo.
* Un 75% de las personas al menos una vez elige equivocarse en pos de la decisión del grupo.
* Lógicamente, el otro 25% de los sujetos no se equivoca nunca, y como Don Erre que Erre, mantiene su criterio independiente.
* La presencia de un compañero no afecta a las respuestas del individuo.
* Dos compañeros efectúan una muy leve presión.
* Tres y más compañeros arrojan un resultado estable en los errores del individuo.
* Cuando en un grupo, un compañero da una respuesta correcta, el individuo se siente más a gusto y tiende a decir la respuesta correcta.
* Cuando en lugar de responder en voz alta, el inividuo puede escribir la respuesta, la tendencia a decir lo correcto aumenta significativamente. Sabe que los demás no saben qué escribe, así que no tendrá que luchar contra esa tácita desaprobación grupal.

Y es verdad, que la mayoría de la gente sigue los comportamientos de los demás en el grupo como un mecanismo de autoprotección para evitar la marginación. En cuestiones políticas es especialmente curioso ya que mantener opiniones radicalmente diferentes de las dominantes, por ejemplo, las liberales frente a las estatistas, supone claridad conceptual, fortaleza de ánimo y valentía para aguantar ser tachado de egoísta y de insolidario.

Pero a veces es mejor ser raro que seguir ciegamente lo que la masa opina, como se puede ver en el siguiente vídeo.