martes, 27 de marzo de 2007

Sabio Confucio


A Confucio le preguntaron: “¿Qué es lo primero que haría si se le encomendara gobernar una nación?” Contestó: “Corregir el lenguaje; porque si el lenguaje no es correcto, lo que se dice no es lo que se significa; si lo que se dice no es lo que se significa; lo que debe ser hecho, quedará sin hacer; si queda sin hacer, la moral se deteriora; si la moral se deteriora, la justicia andará extraviada; si la justicia anda extraviada, la gente quedará en una tremenda confusión…y si la gente queda en una tremenda confusión, el caos está a un paso…todo está en lo que se diga… “.

Qué sabio era Confucio. Ya en el siglo V AC, Confucio había entendido lo importante que son las palabras para el buen gobierno. Si analizamos el lenguaje con el que nos aleccionan los medios de comunicación y los políticos, encontramos infinidad de ejemplos de manipulación del lenguaje que nos llevará inexorablemente a la ruina moral y de allí a la ruina material.


Esto mismo lo analizó Victor Klemperer en el libro La lengua del Tercer Reich. Entonces denunciaba cómo la propaganda nazi anuló la capacidad de raciocinio de la sociedad alemana haciendo creer en conceptos como la pureza de la raza y otras animaladas que llevaron al mundo a donde todos sabemos.


Hoy estamos en una similar, pero más sutil como ya decía el otro día. Por ejemplo, los políticos, especialmente los del PSOE, hablan de derechos. Hoy Zapatero, en su particular aló presidente, ha dicho que gracias a su beatífica acción de gobierno las personas tienen nuevos derechos: por ejemplo, el derecho a que la guardería se la pague el Estado, a una vivienda digna y barata, a un empleo digno también y así. Todo son derechos y no hay ninguna obligación, ninguna.


¿Qué consecuencias tiene esta declaración de derechos permanente? La primera que me viene a la cabeza es la desmotivación de la gente. Si todos esos bienes son derechos, esto implica que no son consecuencia de la acción previa del hombre, sino que son preexistentes, independientemente de lo que haga cada uno. Por tanto, el ciudadano, sólo tiene que preocuparse de reclamar los derechos al Estado, identificado con el Gobierno. Es, sin duda, más fácil, pedir derechos que esforzarse por conseguir algunos bienes. Y el Gobierno está legitimado entonces, a requerimiento de los ciudadanos a proveer esos bienes, no como bienes (pagando), sino como derechos (gratis). Y con esa intención recauda cantidades cada vez más grandes de dinero a través de los impuestos para proveer de forma exclusiva esos bienes convertidos en derechos.


Segundo, esto genera frustración en la población, pues al cabo de un tiempo de reclamar los derechos, encuentra que éstos no vienen solos, sino que hay que trabajarlos. Pero para entonces se ha desarmado a los ciudadanos de la cultura del esfuerzo, que es sin duda el mejor bagaje para conseguir tantas y tantas cosas, no sólo en lo material, sino también en lo personal.