lunes, 5 de marzo de 2007

Iniquidad, indignidad


Iniquidad: Maldad, injusticia grande.

Indignidad: Acción indigna o reprobable.

Estas son las palabras que mejor describen en mi opinión la decisión que tomó el gobierno el pasado jueves.

Es difícil estructurar el pensamiento y escribir algo cabal sobre este asunto tan grave que nos ha dejado huérfanos de autoridad y que ha minado nuestra confianza en la justicia y en el Estado como garante de la misma.

Muchas son las mentiras que se han dicho en estos días. Empezando por la declaración de Rubalcaba:

"... se ha hecho por motivos legales y humanitarios...", es falso ya que no hay motivos legales para aplicar un tercer grado o para el traslado, es una mera decisión política.

"...tenía informes según los cuales moriría en dos semanas...", es falso ya que hemos visto que este asesino ha entrado por su propio pie en la clínica de San Sebastián donde ahora "se recupera".

Siguiendo por las palabras de Rodríguez ayer en la reunión de la ejecutiva socialista (reunión de fieles de la misma secta), "no he actuado por miedo o debilidad", "creemos en el valor supremo de la vida y en el objetivo de que no haya más muertes por terrorismo". Aquí es donde está lo grave y lo terrible. El presidente dice que no ha actuado por miedo. Pero al señor presidente nadie le ha acusado de actuar por miedo. De tan manido, resulta aburrido pero "excusatio non petita...". Es decir, el presidente sí ha actuado por miedo y lo explica claramente cuando dice que actúa así para que no haya más muertes por terrorismo. El presidente nos está explicando que ha cedido al chantaje de ETA, porque si no trasladaba a De Juana al País Vasco, podría haber atentados con muertes. Es decir, que el Estado se ha rendido ante los terroristas de ETA y no será esta pequeña cosa la primera claudicación que le están exigiendo. Tienen que venir más y ya se han anunciado.

Hago un paréntesis para referirme al cinismo de este personaje cuando habla del “valor supremo de la vida”. ¿Alguien le puede creer? En un país donde el aborto es prácticamente libre, ¿qué hace el presidente para preservar esa vida que tanto valora? Nada, absolutamente nada.

La vía de la rendición es la que más me interesa analizar, pues las mentiras son las mismas de siempre y su exégesis no nos lleva a ningún sitio, nada más que a la frustración y a la melancolía.

Nos encontramos con que el gobierno quiere evitar muertes por terrorismo, pero no utiliza los medios habituales, que son la policía, la aplicación de las leyes de forma implacable y la aniquilación por medios legales de todos los terroristas, de la misma forma que se persigue a cualquier otro delincuente.

Tras comprobar con el bombazo de Barajas que a ETA no se la engaña como a los pardillos de los catalanes (ERC y CiU han sido sucesivamente engañadas por el presidente en la tramitación del Estatuto de Cataluña), se tiene que ceñir al guión que había pactado antes. Él se creía el más listo de la clase, pero no es el más bestia e incluso al más listo le pega el más bestia.

Así que ahora tenemos que ceder a lo que quiera ETA para no tener más muertos por terrorismo. Lo malo es que como en la famosa cita de Churchill, no tenemos el honor de haber resistido al chantaje y tendremos más muertos por terrorismo. Esta es la triste situación a la que nos ha conducido el gobierno y que sólo se puede remediar de una forma que es echándole del gobierno. Para ello, creo que debemos seguir movilizándonos de forma ininterrumpida y que noten la presión en la calle. Sólo la gente que está convencida de que esto no es lo que se merece España podemos, con nuestra presencia continuada en la calle, arrastrar a los que, por pereza, por comodidad o por falta de convencimiento dudan sobre el camino al que nos llevan.

Ya lo dijo él mismo. El proceso será “largo, duro y difícil”. La mayor parte creyó que hablaba para los terroristas sin darse cuenta de que hablaba para nosotros, el pueblo español.

P.S.: El Estado es el que tiene el monopolio de la violencia, por delegación de los ciudadanos, que piensan que esta es la mejor forma de mantener una sociedad en orden y en paz. Pero los gobernantes olvidan que cuando se rompe esa confianza y el Estado es incapaz de mantener la ley y el orden, entonces cualquiera se puede sentir legitimado a tomarse la justicia por su mano. Esto sería lo peor que nos podría ocurrir, pues el estado de derecho y la ley es la única garantía de progreso social y de libertad.