domingo, 17 de junio de 2007

Más de Stuart Mill


Ya he terminado la lectura de Sobre la libertad. Entre vídeos de chorradas y cuestiones políticas coyunturales (aunque importantes y que determinan una estructura de las cosas), conviene dedicar unos minutos a los clásicos de la libertad decimonónica.

Habla Stuart Mill de la discusión en torno a qué aspectos de la libertad individual se deben regular en caso de que invadan la esfera individual de otros, los llamados derechos sociales.


"Como ciudadano, reclamo el derecho a legislar siempre que mis derechos sociales sean invadidos por el acto social de otro. ... si hay alo que invada mis derechos sociales, es ciertamente el tráfico de bebidas fuertes. Destruye mi elemental derecho de seguridad, creando y estimulando constantemente el desorden social. Invade mi deredcho a la igualdad derivando un beneficio de la creación de una miseria, para cuyo sostenimiento se me pone a contribución." Una teoriía de los "derechos sociales", sin semejanza en nada de cuanto anteriormente había sido distintamente formulado, que no significa nada menos que esto: el derecho social absoluto de todo individuo a que todo individuo se conduzca, en todos los respectos, ateniéndose rigurosamente a su deber; la mas pequeña falta viola mi derecho social y me autoriza para pedir a la legistlatura la reparación del daño. Un principio tan monstruoso es mucho más peligroso que todos los casos de invasiones de la libertad; no hay violación de la libertad que no pueda justificar; no reconoce derecho alguno de libertad excepto, acaso, el de mantener sus opiniones en secreto, sin jamás descubrirlas, pues en el momento mismo en que una opinión que yo considero nociva sale de los labios de uno cualquiera, invade todos los derechos sociales que la "Alianza" me atribuye. Esta doctrina concede a los hombres todos un determinado interés en la perfección moral, intelectual y aun física de cada uno, la cual ha de ser definida por cada reclamante según su propio criterio.


Esto recuerda a la intromisión que en nuestras vidas está suponiendo las numerosas regulaciones que en cuestiones de conducta individual está intentando imponer el Gobierno, desde el tabaco al alcohol, pasando por el tráfico y la educación.


A propósito de la educación, dice Stuart Mill:


"Si el Gobierno se decidiera a exigir una buena educación para todos los niños, se evitaría la preocupación de proporcionársela por sí. Puede dejar que los adres obtengan la educación de sus hijos dónde y cómo prefieran, contentándose con auxiliar a pagar los gastos escolares de los niños de clases pobres, o pagarlos íntegramente a aquellos que carezcan en absoluto de los medios para hacerlo. Las objeciones que con razón se formulan contra la educación por el Estado no son aplicables a que el Estado imponga la educación, sino a que toda o una gran parte de la educación del pueblo se ponga en manos del Estado. Todo cuanto se ha dicho sobre la importancia de la individualidad de carácter y la diversidad de opiniones y conductas, implica una diversidad de educación de la misma indecible importancia. Una educación general del Estado es una mera invención para moldear al pueblo haciendo a todos exactamente iguales; y como el molde en el cual se les funde es el que satisface al poder dominante en el Gobierno, sea éste un monarca, una teocracia, una aristocracia, o la mayoría de la generación presente, proporcionalmente a su eficiencia y éxito, establece un despotismo sobre el espíritu, que por su propia naturaleza tiende a extenderse en el cuerpo. Una educación establecida por el Estado sólo podría, en todo caso, existir, como uno de tantos experimentos, entre otros muchos que le hicieran competencia, realizado con un propósito de ejemplaridad y estímulo, a fin de hacer alcanzar a los demás un cierto grado de perfección."


En esto está el Gobierno y, a decir verdad, todos cuantos gobiernos centrales y autonómicos ha habido en España, en el adoctrinamiento de los niños. Habría que enseñar que pagar impuestos es malo, pues aunque se cumpla con la obligación de pagarlos por una cuestión legal, es necesario preguntarse si es necesario pagar tantos impuestos como se pagan. Si a los niños se les enseña a no cuestionarse lo que viene de los políticos, no se cuestionarán hasta dónde es buena la intervención y la coacción y se convertirán en esclavos (del siglo XXI, pero esclavos). Para eso sirve Educación para la ciudadanía.