sábado, 10 de enero de 2009

El mercader de Venecia (II)


Antonio, al que Shylock le va a cobrar el préstamo en forma de una libra de carne de su propio cuerpo, se resigna a no obtener el perdón del judío y la ley de Venecia impide que el dux intervenga en su favor. Interesantes argumentos de Shakespeare en favor del cumplimiento de la ley como fundamento del comercio:

"El dux no puede impedir a la ley que siga su curso, a causa de las garantías comerciales que los extranjeros encuentran cerca de nosotros en Venecia; suspender la ley sería atentar contra la justicia del Estado, puesto que el comercio y la riqueza de la ciudad dependen de todas las naciones . Por tanto, maarchemos; estos disgustos y estas pérdidas me han aplanado tanto, que apenas si estaré mañana en estado de suministrar una libra de carne a mi cruel acreedor. Vamos, carcelero, marchemos. ¡Dios quiera que Bassanio venga para verme pagar su deuda y después no tendré ya más preocupación."