domingo, 24 de mayo de 2009

The Visitor



Walter Vale es un mediocre profesor universitario, viudo, sin alumnos, sin perspectivas personales ni profesionales. Viva la vida como un sonámbulo intentando llenar su vacío existencial aprendiendo sin éxito a tocar el piano. Su pasión por enseñar y por escribir quedaron atrás hace años. Encargado por su universidad a participar en un seminario en Nueva York, se presenta en un piso que tiene vacío en la ciudad y donde encuentra viviendo a una pareja de inmigrantes ilegales, Tarek y Zainab. Un sirio hijo de un periodista contrario al régimen sirio y una senegalesa que buscan una oportunidad de ganarse la vida de una forma honrada. Tarek toca el djembe en un bar de jazz y Zainab diseña y fabrica bisutería africana que vende en un mercadillo del Village. Walter, viendo la precariedad en la que viven, les deja que se queden a vivir en su piso, mientras encuentran otro sitio donde alojarse.

A partir de esta situación inverosímil, se desarrolla la acción. Walter se siente fascinado por la percusión africana en Washington Square y aprende a tocar el djembe con Tarek. Entre ellos se establece una estrecha relación, hasta el punto de que van a tocar juntos a Central Park con otro grupo de africanos. Sin embargo, Tarek es arrestado por la policía y recluido en un centro de detención de inmigrantes hasta que se resuelva su caso. Walter, su única conexión legal en el país, le visita y le consigue un abogado que intentará resolver la situación. La reclusión de Tarek hará que aparezca en escena la madre de Tarek, Mouna, una mujer de mediana edad, con una vida desdichada que intenta pasar el resto de su vida en EE.UU., la tierra prometida para muchos desheredados del mundo. Walter descubre con Mouna el amor, un amor maduro, sin pasión, una razón para cambiar su vida. Todo termina con la deportación de Tarek a Siria, pero Walter habrá encontrado una nueva vida.

Aparte de la historia central en torno a Walter, la película es interesante por los otros temas que apunta como el trato que reciben los inmigrantes ilegales en EE.UU., especialmente los de origen árabe a partir del 11S y lo que subyace en toda la película que es que por encima de las diferencias culturales y sociales, los hombres tienen más cosas en común que diferencias. Compartir una buena cena, la música, el arte, la amistad, están por encima del origen de cada uno y es un valor que hay que preservar frente a los líderes políticos y religiosos que quieren separar a unos de otros para justificar sus posiciones radicales y sus propias vidas.

Sobria, sin alardes técnicos, basada en una buena dirección de actores, que son la clave de la película, se ve con gusto y uno sale de la sala reconfortado a pesar del triste final, posiblemente el único lógico. Curiosamente, a pesar de que han pasado ya unos cuantos meses desde su estreno, siguen en cartel, y la sala estaba llena.