domingo, 21 de febrero de 2010

Extrema derecha


Ayer leí una crónica de Antonio Caño en El País sobre la política en Estados Unidos, que no puedo dejar de comentar. El título, La extrema derecha discute vías para alcanzar el poder en EE UU, llamaba la atención, y al leerlo esperaba el surgimiento de un Mussolini de Baltimore o un Hitler de Alabama. Habla sobre el movimiento de los Tea Party, que ya comenté a propósito de la manifestación contra el aborto en Madrid hace unos meses.

Estimulada por la pujanza de un movimiento que en estos momentos domina la vida política en Estados Unidos, la extrema derecha norteamericana se reúne este fin de semana en Washington en una conferencia que pretende imponer el control sobre el Partido Republicano y decidir la suerte de las próximas elecciones. El objetivo de esta conferencia es el de convertir lo que hasta ahora es un movimiento disperso en una fuerza cohesionada capaz de conseguir el poder. Les une el odio al 'aparato' del Estado y una oposición radical a Obama ... Abrieron y cerrarán las sesiones dos grandes figuras en alza: Marco Rubio, un joven ultracatólico de origen cubano que puede ser el próximo senador de Florida, y Glenn Beck, el pintoresco presentador de televisión que se ha convertido en el galvanizador, símbolo y portavoz de todo este movimiento. Rubio encendió a la audiencia cuando proclamó: "Nuestros derechos no emanan del Estado, emanan de Dios". Entre las ausencias, la más destacada es la de John McCain, una de las bestias pardas de estos grupos. Sarah Palin decidió no acudir para no excederse en protagonismo, pero su espíritu está presente en los salones del hotel donde se celebran las sesiones y no se descarta aún una visita sorpresa. La conferencia está dividida en sesiones destinadas a temas como los siguientes: "el secretismo de Obama: cómo encontrar los archivos que el Gobierno esconde", "la lucha contra la tiranía de Washington", "la resistencia a los recaudadores de impuestos", "cómo salvar la libertad amenazada", "la guerra a la inmigración ilegal", "la rendición de Obama ante la Yihad y Ahmadineyad". En fin, todo gira en torno a una oposición radical a Obama, un odio feroz al aparato del Estado y una presunta defensa de los supuestos valores tradicionales frente a la pretendida amenaza de las élites culturales, los medios de comunicación, Hollywood, los inmigrantes y las influencias extranjeras. "No necesitamos nada de ellos [los republicanos]. Son ellos los que tienen que venir y demostrarnos que se merecen nuestra confianza", dijo Dick Armey. Como explica el veterano comentarista conservador Patt Buchanan, "esta conferencia es como los comisarios del Ejército Rojo: han puesto una ametralladora en la retaguardia y van a disparar contra todo soldado que huya; ningún republicano que vote por más impuestos volverá a casa sano".

Destaca el estilo estalinista típico de El País en el que el oponente es descalificado con adjetivos como ultracatólico o se destaca el origen cubano del personaje. Pero aparte del estilo periodístico, sorprende el desconocimiento que un periodista que reside en EE.UU. tiene de la historia y de la cultura política norteamericanas y de la política en general.

Según este periodista, apúntense su nombre para filtrar adecuadamente sus comentarios, la extrema derecha es la que "se opone al aparato del Estado". Yo creía que la extrema derecha, la de Hitler y Mussolini, fue socialista y amante del Estado. Como ya comenté en su día, Johan Norberg demuestra en su libro Liberal Fascism que la izquierda no se diferencia en nada de los postulados fascistas de Hitler y Mussolini. Es más, los Tea Party, el movimiento Freedom Works defiende todo menos lo que la extrema derecha ha defendido tradicionalmente, como se puede ver en su página web. Es un movimiento conservador, en el sentido literal de la palabra, quieren conservar los valores fundacionales de los EE.UU., los que inspiraron a los revolucionarios de finales del s. XVIII en su lucha contra el Reino Unido.

Estos movimientos denuncian la deriva, no sólo de Obama, sino en general del Congreso y del Partido Republicano también. Algunos de sus miembros destacados, como Ron Paul están en contra de la intervención norteamericana en el exterior y del excesivo gasto militar, que está destruyendo el valor del dólar y empobreciendo a los norteamericanos. Y la fuerza que están demostrando puede hacer cambiar la orientación del Partido Republicano. La suerte que tienen los norteamericanos es que su sistema de gobierno de los partidos permite que las bases elijan a sus candidatos, lo cual podría hacer que muchos de los representantes en las siguientes elecciones legislativas de noviembre estén alineados con los postulados de los famosos "tea parties".

Y que no les engañen. El Partido Republicano no es un partido de extrema derecha. Es más, el Partido Republicano surge como oposición a las leyes pro esclavistas de los demócratas, como se puede leer aquí.

The Republican Party name was christened in an editorial written by New York newspaper magnate Horace Greeley. Greeley printed in June 1854: "We should not care much whether those thus united (against slavery) were designated 'Whig,' 'Free Democrat' or something else; though we think some simple name like 'Republican' would more fitly designate those who had united to restore the Union to its true mission of champion and promulgator of Liberty rather than propagandist of slavery."

La estrategia está clara. Se trata de descalificar a los que nos oponemos al crecimiento desmesurado del Estado llamándonos fascistas y ultraderechistas. Así El País ha conseguido que el PP sea un partido de centroizquierda, renunciando a los valores de la mayoría de sus votantes. El drama está servido.