domingo, 27 de abril de 2008

Objeción de conciencia


Según leo en Hispanidad Confidencial, el Gobierno quiere acabar con el derecho a la objeción de conciencia. Es curioso porque la objeción de conciencia ha sido el mecanismo que han utilizado los progresistas en su lucha contra el poder absoluto del Estado. Así, los movimientos de izquierda utilizaron este derecho para oponerse al servicio militar obligatorio, por ejemplo. Pero ahora que el Estado lo dirigen ellos, no admiten que los demás tengan una conciencia que les impida aceptar determinadas leyes.

Por ejemplo, El País nos ilustraba hace pocos días con un reportaje en el que empezaba a allanar el camino para que el Gobierno aprobara el aborto libre. En el reportaje, se escanadaliza de que los médicos objeten y de que por esa causa no se puedan practicar abortos en la Sanidad Pública. Y el PSOE quiere crear un registro de médicos objetores (ANDOC defiende la libertad de los médicos). Se olvidan El País y el PSOE de que el aborto no es un derecho de la mujer, sino un delito que está despenalizado en tres supuestos, a pesar de que la laxa aplicación de las leyes en España provoque que en la práctica el aborto sea libre.

Pues bien, si el Gobierno acaba con la objeción de conciencia, estaremos abocados a la dictadura, a la omnipotencia del Estado sobre el individuo. Sin querer hacer ningún paralelismo, Dios me libre, recupero unos párrafos de Vida y Destino de Vasili Grossman:

"Las personas saben cómo vencer el miedo; los niños caminan en la oscuridad, los soldados entran en combate, un joven da un paso adelante para saltar al vacío en paracaídas.

Pero aquel otro miedo, particular, atroz, insuperable para millones de personas, estaba escrito en letras siniestras de un rojo deslumbrante en el cielo plomizo de Moscú: el miedo al Estado...

¡No, no! El miedo no es capaz de realizar por sí solo semejante tarea. El fin superior de la revolución libera de la moral en nombre de la moral, justifica en nombre del futuro a los actuales fariseos, los delatores, los hipócritas; explica por qué un hombre, en aras de la felicidad del pueblo, debe empujar a los inocentes a la fosa. En nombre de la Revolución esa fuerza permite ignorar a los niños cuyos padres acaban en un campo penitenciario. Explica por qué la Revolución ha establecido que la esposa que se ha negado a denunciar al marido inocente debe ser apartada de sus hijos y enviada diez años a un campo de trabajo.

La fuerza de la revolución se había aliado con el miedo a la muerte, el terror a la tortura, con la angustia que atenaza a aquel que siente sobre sí el aliento de los campos lejanos.

Antes, cuando los hombres hacían la revolución sabían que se arriesgaban a la cárcel, a trabajos forzados, a años de exilio y de vida sin refugio, al patíbulo... Pero ahora lo más inquietante, confuso, desagradable era que la Revolución pagaba a sus fieles, a aquellos que servían a su gran causa, con raciones suplementarias, comidas en el Kremlin, paquetes de víveres, coches particulares, viajes y estancias en Barvija, billetes en coche cama."

P.D.: Nosotros hemos objetado ya a Educación para la Tiranía. Se puede hacer aquí.

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