martes, 29 de abril de 2008

Una de piratas


La semana pasada un pesquero español (vasco o gallego, según quién informara) por piratas en el Océano Índico. Tras seis días de incertidumbre y de fuegos de artificio, con el envío de una fragata, la más moderna de nuestra Armada, dijeron, los pescadores fueron liberados.

Pronto se descubrió el embuste y que en lugar de una valiente y heroica actuación de nuestra Armada, la liberación se produjo tras el cobarde pago del rescate con el apoyo del Gobierno. Así lo dice El País, que da detalles sospechosos del hecho como que los secuestradores recibieron y contaron el dinero en el barco, escoltados por la fragata, supongo. La vicepresidenta dijo, dándose muchas ínfulas, que había sido una actuación coordinada de la diplomacia, el armador y se le olvidó decir que del banco que dio el dinero. Contrasta la actuación de nuestro Gobierno con el del impopular Sarkozy, que según informa también El País, persiguió a los secuestradores, recuperó parte del dinero del rescate y mató a tres de los secuestradores.

Estamos otra vez ante la lamentable actuación del Gobierno, acobardado ante el chantaje que cualquier maleante le plantee. Y esto recuerda a los famosos secuestros que no cumplieron su objetivo de chantaje que siempre nos contaron de niños: Guzmán el Bueno en la defensa de Tarifa y el general Moscardó en el Alcázar de Toledo, que sacrificaron a sus hijos por defender sus ideales. Muy bueno el comentario de Herman Tertsch en ABC.

Y aquí estamos ante la distinción entre la moral de la convicción y la moral de la responsabilidad que distingue Weber en su libro El político y el científico. Según la ética de la convicción, el Gobierno no puede pagar un rescate, porque alentará a otros secuestradores a seguir actuando y con el dinero que consigan del rescate, aumentarán su capacidad criminal. Nuestro Gobierno, sin embargo, actúa con una falsa ética de la responsabilidad, la que le dicta el que no haya mal entre sus súbditos. Contrasta la lamentable cobardía del Gobierno de Zapatero con la firmeza de Aznar en el secuestro de Miguel Ángel Blanco.

P.D.: Buscando sobre el tema, he encontrado un foro de militares que es interesante. Algunos de ellos se quejan de que las fuerzas destacadas no intervinieran y no persiguieran a los secuestradores.

1 comentario:

Linguini dijo...

"...entretanto seguirá dando tumbos y hasta irá a las indias, donde hace huir las naos de Guatarral, fonema extraño tras el cual reconocemos nada menos que a Walter Raleigh.."

Del prólogo de Ortega y Gasset a "Vida de este cápitán, Alonso Contreras"

Igualito que ahora. Apuntando al comentario de Herman Tertsch, sobre el temor que inspiramos hoy en día