miércoles, 1 de abril de 2009

Empleos verdes

Escribía Gabriel Calzada en Expansión el viernes pasado un artículo interesante en el que analizaba lo que nos cuestan los empleos verdes. Esos que Zapatero va a crear con Obama para sacar al mundo de la crisis. Atémonos los machos y, como dice, Rodríguez Braun en el programa de Carlos Herrera: “Herrera, cuide su cartera”.

España se ha convertido en los últimos años en el ejemplo mundial en materia de creación de empleos verdes relacionados con las energías renovables. Ya lo dijo Obama poco antes de su toma de posesión: “piensen en lo que está pasando en España”. Obama aseguró que las energías renovables “pueden crear millones de empleos adicionales e industrias completamente nuevas”.

A quienes proponen generar empleos mediante energías verdes se les suele olvidar un pequeño detalle. Resulta que a día de hoy las principales formas de producción renovable necesitan enormes subvenciones para existir. De hecho, en lo que va de década, el dinero público entregado o comprometido por el Gobierno español se acerca a los 30.000 millones de euros. Con esa lluvia de millones que cae permanentemente sobre la industria renovable nadie se extrañará si generan empleos. La cuestión es a qué coste.

Lo importante, como diría el gran economista francés Frederic Bastiat, no sólo es el empleo que se ve sino, también, el que no se ve, o más bien, el que ya no se podrá ver. Cuando el Gobierno decide gastar el dinero del contribuyente en molinos eólicos o placas solares, en lugar de dejar que cada uno gaste en lo que quiera, veremos aparecer muchos empleos verdes, pero el coste será el resultado de otras actividades productivas que no llegarán a tener lugar y los empleos que no se crearán debido a la acción gubernamental.

Subvenciones

De acuerdo con las estimaciones europeas acerca de los empleos necesarios para mantener los megavatios renovables de potencia en España (tanto directos como indirectos), cada empleo verde que el gobierno ha ayudado a crear ha requerido más de medio millón de euros en subvenciones. ¡Así cualquiera crea un empleo!

En España resulta que por cada empleo que el Gobierno trata de crear con subvenciones, se destruyen, como mínimo, 2,2 empleos en el conjunto de la economía. Esta es la oscura realidad de los tan cacareados empleos verdes.

Y digo como mínimo porque ese cálculo no tiene en cuenta las deslocalizaciones que los elevados costes de las energías renovables están provocando y provocarán sobre las industrias intensivas en energía (al estar obligadas a comprar a un precio de pool en el que se incluyen las energías renovables), ni los empleos que hubiese generado en la economía el capital que ha fluido hacia las renovables por el simple hecho de que aquí se encontraban las subvenciones.

A la luz de estos datos los empleos verdes son un camelo del discurso políticamente correcto. Estamos ante un esquema de redistribución de rentas a través del cual unos pocos se forran a costa del ciudadano de a pie. Hasta hoy, sindicatos y ecologistas son cómplices de este saqueo retrógrado.

Efectivamente, con nuestros impuestos se consigue que los accionistas de Gamesa se forren. Un socialdemócrata conocido mío aduciría que Gamesa exporta y que eso tira de la economía del país. Sí, pero ¿a qué coste? ¿Y es competitiva Gamesa, que fabrica unos productos cuyo uso requiere una subvención gubernamental? Mientras haya un tonto en la Casa Blanca que se cree todo este discurso, puede que sí. Hasta que los americanos, mucho más prácticos, se den cuenta de lo que les cuesta la broma. Es curioso, el pobre de Alabama paga con sus impuestos los beneficios de un español. Eso sí que es transferencia de rentas.

Claro que ese socialdemócrata es tan devoto de la secta Obamista Zapaterista que hasta Sonsoles Espinosa le parece guapa y elegante. Tremenda la fe de esta gente.