martes, 7 de abril de 2009

Régulo (I)


Leo estos días la excelente recopilación de relatos de Rudyard Kipling editada por Acantilado. Hay un relato llamado Régulo en el que Kipling narra un día en la vida de un colegio inglés, principalmente a través de la clase de latín y de la lectura que los alumnos hacen de Horacio.


Resultó que delubris era la única palabra que Winton no había consultado, y se la preguntó a Beetle mientras ocupaban sus puestos. Winton avanzó luego sin dificultad. Sólo cuando tradujo scilitet como "en verdad" desató la cólera de King:

-Regúlo -dijo el profesor- no era un escritor de éxito para la prensa barata, y mucho menos lo era Horacio. Lo que dice Régulo es: "El soldado rescatado con oro mostrará más entusiasmo en el combate...¡pardiez!". Ése es el significado de scilitet. Denota desprecio... un profundo desprecio. "En verdad". ¡En verdad! A este paso terminará usted diciendo cosas como "bellezas pecosas o "se ha filtrado la noticia". Howell, ¿qué opina de ese doble "Vidi ego... ego vidi? No está ahí para completar la medida del verso, como bien sabe.

- No tiene una función intensiva, señor?. Régulo deseaba sinceramente que Roma no hiciera ningún pacto con Cartago, y quería que los romanos lo comprendieran, ¿no es así, señor?

- No alcanza la eleancia habitual en usted, pero es exacto. Régulo era auténtico. Al mismo tiempo sabía que se estaba degollando con cada palabra que pronunciaba. Sabía que Cartago era un lugar dejado de la mano de Dios, una especie de Manchester poblado por negros. Régulo no pensaba en su propia vida. Contaba la verdad a Roma. Actuaba por bien de los suyos. Esos versos, del dieciocho al cuartente deberían haberse escrito con sangre. Sin embargo, hay por ahí cosas con apariencia humana que les dirán que Horacio era un vago, un merodeador. Apártense de ellas. Horacio sabía muchas cosas. ¡Sabía! Erit ille fortis..."será valiente aquel que se ha postrado ante el enemigo infiel?" ...


¿Alguien se imagina una clase de latín como ésta en los tiempos que corren? Mejor dicho, ¿alguien se imagina una clase de latín hoy en día? Si el bachillerato de nuestros padres tenía siete años de latín y de formación clásica, el mío sólo tuvo dos obligatorios y el de mis hijios ninguno a menos que escojan la formación humanística.


Pero aparte de la materia en sí, el método pedagógico basado en el profesor está de capa caída. Antes era el profesor el que transmitía su sabiduría a los alumnos. Ahora el profesor es un mero intermediario entre el Ministerio y el alumno. El intérprete de unos coloridos libros llenos de cuadros y dibujos en los que se infantiliza al alumno bajo el pretexto de la amenidad. Detrás de todo esto se esconde una tremenda desconfianza hacia el profesor como individuo con un criterio pedagógico propio, con capacidad para elegir los temas y la orientación. Es la burocratización de la vida moderna, que no afecta sólo a la enseñanza, sino a todos los ámbitos de la social.