sábado, 25 de abril de 2009

La crisis durará un tiempo


Hace ya dos años se adivinaba lo que pasaría en España como bien decía este artículo del FT. Muchas veces se dice que los economistas sólo aciertan cuando interpretan el pasado. Como se puede ver en este caso, no es así.

Así, dentro de una unión monetaria, el riesgo monetario se convierte en riesgo crediticio. Una vez más, incluso bancarrota generalizada puede no importar mucho si los sueldos y los precios son razonablemente flexibles tanto en términos nominales como reales, o si es fácil expandir la producción de bienes y servicios competitivos. El ajuste entonces es relativamente sencillo, como nos enseñaron las economías nórdicas o del este asiático en un pasado no muy lejano.

En estos casos es al menos relativamente fácil reemplazar la demanda interna que se ha perdido con demanda externa. Pero es muy difícil confiar en que esto sea lo que ocurra en España cuando acaben los booms inmobiliario y de construcción, por seis razones, todas las cuales aparecen en el informe de la OCDE: primero, España ha sufrido una considerable pérdida de competitividad (ver gráfica); segundo, la capacidad tecnológica de las industrias españolas de bienes muebles es débil en muchos aspectos; tercero, la mayoría del reciente esfuerzo inversor español ha ido a la producción de no exportables, particularmente edificios; cuarto, las industrias españolas son relativamente vulnerables a la competencia de productores baratos en el centro y este de Europa y Asia; quinto, el crecimiento de la productividad subyacente ha sido bajo, lo que hará aún más difícil restaurar la competitividad; y finalmente, las rebajas salariales son muy rígidas y por encima de todo, poco receptivas a las condiciones en la eurozona.