sábado, 23 de febrero de 2008

No es país para viejos



"No podrás con lo que está por venir". Esta es la cuestión.

No es país para viejos, la última película de los hermanos Coen, es una mezcla de intriga policiaca y western que contrapone el mundo moderno encarnado en el asesino sin piedad que interpreta Javier Bardem con el mundo antiguo, el del sheriff interpretado por Tommy Lee Jones. La película comienza con un monólogo de éste en el que recuerda los viejos tiempos en los que algún sheriff se permitía el lujo de no ir armado.

Un obrero, ex veterano de Vietnam, se encuentra por casualidad una gran cantidad de dinero, procedente de una fallida venta de droga entre narcos mexicanos. Ahí comienza una persecución implacable de este cazador, Llewelyn Moss, por parte del asesino Anton Chigurh, que a su vez es perseguido por otro asesino a sueldo. Paisajes desérticos, moteles nauseabundos, ambienters mugrientos constituyen el escenario en el que se desenvuelve la acción. Da la sensación de un general abandono, de un país dejado de la mano de Dios, de un país pobre. ¿Son así los Estados Unidos?

Pero lo importante de la película no es la trama, sino lo que la trama nos intenta transmitir. El asesino es capaz de localizar y perseguir al cazador con gran efectividad y rapidez, de forma inverosímil e inexplicable. Esto se contrapone a la lentitud e indolencia que muestran los policías, dirigidos por un inteligente pero cansado sheriff Bell que renuncia a inspeccionar el lugar del crimen si lo hace la DEA o que se toma tranquilamente un café mientras unos salvajes se matan en su jurisdicción. Es la tranquilidad del hombre mayor con pocas ganas y poca capacidad de superar el nuevo mundo rápido e implacable de los asesinos podridos por la ambición del dinero. Es el mundo antiguo, vencido por el mundo moderno.

Esto se ve en todos los ámbitos. En las empresas, en la sociedad. Un mundo sin reglas, sólo gobernado por la ambición de sus actores, que incumplen todos los códigos religiosos, morales y hasta de indumentaria del mundo que se va. "¿Qué podemos esperar de un mundo en el que la gente lleva con el pelo verde?" le pregunta otro sheriff a Bell.

Otra de las características del mundo nuevo es el culto al dinero. El dinero determina las ambiciones de los protagonistas que llegan a matar o a poner la propia vida en peligro. En el mundo antiguo hay otros valores como la amistad, el disfrute de la vida hacían todo más humano.

A mí la película me gustó, si bien le tengo que poner algunos peros como el exceso de violencia y truculencia. Creo que se puede contar la misma historia sin hacer tanto exhibicionismo sádico. En esto, los hermanos Coen también representan el mundo moderno frente al mundo antiguo, el cine sangriento de hoy frente al cine violento pero sin sangre de ayer. A mi mujer no le gustó nada.