viernes, 20 de abril de 2007

De viaje (IV). Who said communism?


Viernes, ya. Llega el momento crítico del viajero de trabajo. Hay que elegir bien lo que se hace el fin de semana, para aprovechar el tiempo. Al fin y al cabo estos viajes son una oportunidad única para conocer nuevos sitios y para sacar fotos. Sin embargo, hay que luchar contra la pereza de quedarse hasta tarde en el hotel, viendo programas sinsentido en las televisiones internacionales, zapeando más bien y no viendo nada. Así que mañana toca madrugar y salir a pasear desde primera hora.

Ya hemos organizado el plan de mañana. Primero, mis clientes quieren ir al mercadillo de imitaciones. Esta tarde he estado y he comprado varios bolsos, zapatos y demás imitaciones bastante bien hechas. Par de mocasines Tod's: 12€, bolso de Prada: 10€, mochila: 4€ y así. Yo ya tengo la maleta llena y no me cabe nada más, así que me abstendré de comprar nada. Después iremos al templo de Jin Jian, el cual no conozco, y después pasearemos por la concesión francesa. Es la zona en la que vivían los franceses en la época en la que estaban establecidos aquí los británicos, los franceses y los norteamericanos después de la guerra del opio. Es una zona muy agradable llena de casas con estilo francés (obvio) y con agradables restaurantes, terrazas y cafés, que asbtraen del ajetreo de la ciudad en ebullición que es Shanghai. Después de comer iremos al Bund y cogeremos el barco por el río. Será un día interesante, sin duda. Esperemos que las compras de mis indecisos clientes no nos arruinen la mañana y que nos dé tiempo a hacerlo todo.

Esta noche hemos cenado en uno de los mejores restaurantes de Shanghai. Está en la concesión francesa, en una casa antigua con decoración colonial. En realidad es un club privado para chinos distinguidos (¿who said communism?). Todo está cuidado al más mínimo detalle. Los papeles de las paredes representan plantas típicas chinas o escenas rurales o motivos geométricos repetitivos. Muy elegante. Está decorada con muebles antiguos de maderas bien cuidadas, los manteles y servilletas son todos de hilo y están bordados a mano. La cena ha consistido de seis platos fríos, seis platos calientes y el postre. Las cosas más especiales han sido una sopa de aleta de tiburón realmente fabulosa. Dudo que esto se pueda comer en ningún sitio en occidente. En España, estoy seguro que no se encuentra una sopa de aleta de tiburón tan rica. Al parecer se tarda dos días en prepararla desde que se limpia la aleta de tiburón hasta que se prepara la sopa. Además, hemos comido diversas clases de pato, medusa, unos camarones de río, una especie de anguila de río y varios tipos de verdura. Es curioso lo de la medusa pues tiene una carne cartilaginosa, un poco dura de masticar. Me ha recordado que el otro día comimos ternillas de pollo fritas, bastante buenas por cierto. A los chinos les gustan esas texturas. De postre hemos tomado una suculenta sopa caliente de frutas variadas: papaya, lichis, pera, servida dentro de una papaya vaciada. Delicadísimo paladar. Supongo que habrá costado un congo. Sin embargo, esta mañana hemos comido bastante bien, diez platos diferentes por 5€ por cabeza.

En la cena se ha suscitado el tema de cuál será el futuro del sistema político de China. Mi colega Eric, natural de Hong Kong, sostenía que siempre habrá un régimen autoritario en China. Ha sido así durante seis mil años y no va a cambiar ahora. La gente no lo reclamará. Yo argumentaba, sin mucho fundamento pues no sé nada de esta sociedad, nada más que por intuición o por la aplicación de modelos y prejuicios adquiridos, que en algún momento la gente dejará de preocuparse por la prosperidad y por tener un mayor nivel de riqueza y reclamará otro tipo de libertades. Eric decía que cuál es la diferencia. Él, que ha vivido en Hong Kong, Singapur, Inglaterra, Taiwán y Shanghai dice que, bajo la apariencia de democracia que se vive en muchos sitios, la realidad es que siempre mandan los mismos y que la corrupción es peor en muchos otros sitios con gobiernos elegidos democráticamente. Efectivamente, la cuestión no es la democracia, sino la existencia de un estado de derecho digno de ese nombre en el que se pueda procesar a cualquier ciudadano desde el primero al último. Esto lo distingue bien Ortega en La rebelión de las masas, creo. La democracia no es más que el método de selección de los gobernantes (por el pueblo). No garantiza que la vida pública sea limpia, sólo que se puede votar. El sistema liberal, basado en la separación de poderes, pretende garantizar que todos los ciudadanos son iguales ante la ley y, por tanto, que los ciudadanos están protegidos de la arbitrariedad del Estado o del Gobierno. Interesante discusión. Estoy de acuerdo que el sistema puede funcionar mientras se tenga unos probos gobernantes con buenas ideas y capacidad de ejecución. Sería imposible en Occidente. En China, con la veneración por la sabiduría, parece que de momento funciona. Pero si viene otro iluminado como Mao y su banda de los cuatro, entonces sumen a mil trescientos millones de personas en la más absoluta miseria. Prefiero correr el riesgo por mi cuenta y no tener que echarle la culpa toda la vida al Mao de turno. O al Fidel o al Chávez.

He confirmado que un trabajador puede ser despedido sin indemnización alguna o como máximo con un mes de salario. Además, el Estado le paga una compensación por desempleo de aproximadamente 40€ mensuales, que en Shanghai no da para nada. No hay sindicatos, lógicamente, pues serían del partido y el partido es el dueño de la mayoría de las empresas, así que el sindicato no haría huelgas contra sí mismo y para eso, mejor no tenerlo. (Who said communism?)

Son más de las dos de la madrugada y me voy a dormir.

P.S.: He visitado algunos de mis blogs favoritos y he encontrado este artículo que recomiendo. En realidad, todo el blog está muy bien.