lunes, 23 de abril de 2007

De viaje (VI). Guangzhou, la comida


Escribo esta entrada sentado en la habitación de mi hotel en Hong Kong. Delante tengo un enorme ventanal del suelo al techo, que da al estrecho que separa la península de Kowloon de la isla de Hong Kong. Es de noche ahora y ya se han apagado las luces de los edificios, pero de día la vista es impresionante. Enormes torres que dominan la bahía, símbolo del poder del capitalismo y del dinero. Hace 30 años esto tenía que ser insultante para la China comunista. Tener semejante enclave en tu propio territorio, dominado por una potencia extranjera y exhibiendo una riqueza que desmonta todas las teorías de reparto del comunismo extremo de Mao y la banda de los cuatro, tenía que ser un insulto para un pueblo tan nacionalista como el chino.

El día de ayer llovió a mares en Shanghai. Por suerte, antes de que empezara el diluvio, pude ver con tranquilidad el templo de Longhua y la pagoda del mismo nombre. Me aventuré a ir en el metro y llegué sin pérdida. Es curioso porque en las estaciones del metro las vías están separadas del andén por una mampara de cristal. Supongo que será para evitar que la gente se caiga a las vías. O para evitar suicidios. El templo de Longhua, dedicado a Buda, está compuesto de diferentes plazas rodeadas de capillas en las que se adora a diferentes figuras de Buda. En cada una de ellas hay unas hogueras tremendamente grandes en las que la gente quema incienso. Es muy curioso, porque la gente se pone las manos sosteniendo el incienso en la cabeza y se balancea de delante hacia atrás mientras recita alguna oración. En cada uno de los templos, con las manos juntas, le rezan a Buda, bien de pie o arrodillados. Es curioso que haya tantas semejanzas en las posturas respecto a las de los cristianos. Como digo, llovió a mares, así que el día fue bastante tranquilo. Comí en Sacha's, un restarurante muy agradable en la zona de la Concesión Francesa. Es una antigua casa señorial de los tiempos de la colonia, con un patio precioso. La comida, regular.

Por la tarde, avión tardío a Guangzhou, lo que nosotros conocemos por Cantón, en la provincia de Guangdong. Es una ciudad de unos 10 millones de habitantes, uno de los motores industriales de China. A orillas del río de las Perlas, está muy cerca de Hong Kong, lo que ha favorecido su desarrollo industrial. Una de las cosas más reconocida es su gatronomía. Ya me he referido a la leyenda de los sesos de mono vivo.

Llegamos tarde, con hambre y cansados, por lo que fuimos a cenar a un sitio cercano al hotel. Tenía una variedad de raras especialidades, muy al estilo de Cantón: escarabajos acuáticos, varios tipos de serpientes acuáticas y terrestres, tortugas, ranas, crustáceos variados, pepinos de mar y piscinas llenas de peces. Todos estos animales se podían ver y, casi tocar, en la exposición que tenían a la entrada. Saqué un buen reportaje fotográfico que compartiré en algún momento en la web. La cena consistió en escarabajos de mar, cisne guisado, serpiente frita, ranas, varios tipos de verduras, pescado y fruta. Todo estaba muy buenoy disfrutamos como enanos. Mi colega chino estaba alucinando. Terminamos de cenar a las 2 de la madrugada y me dormí a las 3. Hoy, a las 7:30 en pie para hacer varias visitas y viajar a Hong Kong. En fin, una paliza.


Es lo que pasa en los viajes a oriente. Cuando se termina la jornada oriental empieza la occidental. Los e-mails, llamadas, etc. La 1 de la madrugada, con suerte. Y bloggeando, claro.


P.S.: Bien por el Capitán Trueno. Y por Daniel Tercero. ¿A que en toda la prensa española se han oído tremendas invectivas contra el halcón de agujeros en los calcetines? Yo lo había leído la semana pasada en el WSJ, pero parece que no soy el único.