jueves, 26 de julio de 2007

Anticlerical


Escribo esto mientras sobrevuelo el Mediterráneo de vuelta de Tel Aviv a Madrid, vía Barcelona. He llegado esta mañana a las 5 de la madrugada, he dormido un poco en el hotel y he estado en una reunión con un posible cliente que ha ido muy bien. Espero que fructifique y que tenga que volver en septiembre a cerrar el contrato. En esa ocasión me quedaré unos días, a ver si puedo visitar Jerusalén y los Santos Lugares.

Como siempre que viajo, ayer leí varios periódicos, entre ellos el inefable, el chistoso con apariencia de serio diario del recientemente finado, del negociante de la libertad, en definición de Jesús Cacho. Creo que hacía tiempo que no comentaba algún artículo del Diario independiente de la mañana.

Ayer traía un artículo de Gustavo Martín Garzo, un escritor, un pensador, una luz de nuestro tiempo, que se titula Sobre el catolicismo. ¿Una indagación científica en la base teológica de esta religión? ¿Un análisis filosófico de los comportamientos que la religión católica propugna y cómo éstos influyen en la definición de determinadas reglas y usos sociales? ¿Una comparación con otros sistemas morales emanados de otras religiones? No, nada de eso. Un cúmulo de invectivas e improperios de resentido y amargado sobre una religión, que si los dijera del Islam, le valdrían una fatwah de algún imán o de Al Qaeda. Pero aquí estamos para todo y que conste que me parece bien.

Hay que leerlo entero y, para eso, hay que seguir el enlace. Voy a enumerar aquí algunas de las lindezas y mentiras que escribe este tipo, por decir algo.

Dice que los católicos “claman ruidosamente contra esa aspiración irrenunciable en un Estado moderno de separar religión y sociedad civil, forman rebaños airados que toman las calles ruidosamente, se empeñan en decirnos cómo debemos vivir y educar a nuestros hijos. Es el problema de los que tienen una fe, que tienden a expresarse con la violencia e impunidad de los que se creen portadores de la verdad..Al escucharlos, no puedo imaginarme lo distinto que habría podido ser este país si hubiera optado por el ateísmo y el agnosticismo. Un país de plácidos y comprensivos ateos, ¿puede haber un sueño mejor para la convivencia?

Así comienza. Yo, al leerlo al principio, creía que se refería al Estado, al que nos impone “la religión progre”, la del socialismo. Supongo que este hombre no recuerda las miles de veces que la izquierda revolucionaria se manifestó vociferando y acosando a los opositores. Para él la religión ya no debe ser ni siquiera una opción personal, sino una opción de “país”, es decir, decidida por alguien desde arriba, como en tiempos de Franco en que era obligatorio ser católico, según dicen (yo era niño y no lo recuerdo). No sé si Martín Garzo sugiere que el Estado imponga el ateísmo para que todos seamos plácidos y comprensivos, como él, un gran comprensivo, como se puede ver. Supongo que entre los comprensivos y plácidos ateos no contará a los que en tiempos de la II República quemaron y asesinaron a sacerdotes y monjas.

Más: “Recuerdo la perversidad de sus sermones, el silencio amenazante de sus iglesias y nuestra angustia al escucharles. Unos adultos aterrorizando a unos niños, ¿nos hemos parado lo suficiente a considerar todo esto?” Pobre resentido, lo que ha debido pasar en ese silencio amenazante de la iglesia. Supongo que el silencio le molesta porque invita a la reflexión y al hacer introspección se da cuenta de que no tiene ideas, nada más que las que salen del resentimiento. Prefiere el ruido desasosegante.

Después da un repaso a la época de Franco y recordar la influencia que la Iglesia tuvo en aquella época, cosa que, curiosamente, también recuerda Pablo Sebastián en su columna de La Estrella. Extraña coincidencia de intereses en tiempos de amenaza para la libertad.

Dice “se habla de los derechos de los padres a decidir la educación de sus hijos, pero por encima de estos derechos están los de los propios niños, sobre todo, el derecho a ser educados en los valores universales de la razón y la tolerancia”. Menuda inconsistencia intelectual y qué empanada se hace este hombre. Los padres no tienen derecho a decidir la educación de sus hijos, son los niños los que tienen el derecho a decidir su propia educación, siempre que sea la que decide Gustavo, al de los supuestamente valores universales, que él y la tropa progre decide.

Sigue con una evocación supuestamente poética de lo que su madre le contaba y lo que para él sería el catolicismo. Nunca la Iglesia.

En su ofensiva laicista, El País de hoy trae una columna de Elvira Lindo en la que, hablando de la viñeta de El Jueves, dice: “Tampoco cabe comparar el caso con las viñetas de Mahoma que ironizaban sobre una creencia y no sobre personas en concreto, ni con esos relatos de ficción que provocan iras irracionales. Por lo demás hasta a mí me habría sacudido una viñeta en la que aparecieran, por ejemplo, Mahoma y la Virgen María en la escena que nos ocupa. Debe ser que tengo mis límites o que me estoy haciendo mayor.

Pero no hay problema, los más osados saben que con eso sí que se juegan la vida.


Sin más comentarios.