domingo, 11 de mayo de 2008

Cría cuervos...


Me quedo estupefacto al leer unas declaraciones del Rey Juan Carlos sobre Zapatero hoy en El Mundo:

- "Majestad, ¿me permite hacerle una pregunta?", le preguntó la periodista.
El Rey accedió: "Dime, dime".
- "Estoy preparando un reportaje sobre el presidente Zapatero. ¿Podría darme, por favor, su opinión sobre él, como persona?", preguntó Ibaibarriaga.
- El Rey respondió: "Sí. Es un hombre muy honesto. Muy recto. Que no divaga. O sea, la gente cree que hace cosas así... como divagando" (la periodista describe entonces cómo el Rey levanta la mano y la hace oscilar de un lado a otro). "Pero no hay nada de eso", señaló Don Juan Carlos.- El Rey lo subrayó: "El sabe muy bien hacia qué dirección va y por qué y para qué hace las cosas. Tiene profundas convicciones. Es un ser humano íntegro".
- La periodista insistió: "Y sin embargo, le siguen considerando un enigma". - "Bueno, quizá por la forma de las cejas, el gesto, los ojos, esa sonrisa particular... Pero lo importante es el valor de lo que hay detrás de todo eso: un hombre recto", respondió el Rey

Me produce miedo leer estas palabras del Rey. Si Zapatero, que ha mentido en cuantas ocasiones ha tenido, es un hombre recto, ¿qué criterio tiene el Rey? Por otro lado, esa dirección en la que nos lleva Zapatero en toda su rectitud, ¿es la que le gusta al Rey?

Su Majestad no sé si da cuenta de que él es el Rey de todos los españoles y que precisamente los que podemos apoyar la Monarquía como sistema de Gobierno somos los que no apoyamos la dirección en la que va Zapatero. Es más, esa dirección sería la de la República, Federal Española, sin sitio ni para el Rey ni para sus herederos. Al fin y al cabo, el Rey y sus herederos tienen suficiente dinero ya como para vivir sin tener que cumplir con el duro trabajo de Rey. Además, Zapatero no le hace trabajar mucho, la verdad.

Federico lo dice mejor que yo. Pero Agapito Maestre es demoledor:

En efecto, ese litigio fue resuelto hace tiempo. Escrito está en este periódico, perdón por citar mis columnas de hace tres o cuatro años, que el problema de la monarquía en España era un asunto entre el Rey y los socialistas; serían ellos los únicos que podían dirimir ese asunto. Los otros partidos eran comparsas frente al fuerte tejido de negocios económicos, tratos sociales y relaciones políticas que se había formado entre el monarca y los socialistas desde la muerte de Franco hasta hoy. Finalmente, todo ha quedado aclarado, y bien dicho, el Rey sabe perfectamente el lugar que le ha sido asignado por los socialistas.
Sin embargo, en ese contexto terriblemente ideológico y lleno de medias verdades y mentiras terribles, la gente de la calle no menos que los "analistas" políticos de salón se hace preguntas del tipo: ¿quién tiene a quién cogido por sus partes más sensibles? ¿Controla el rey a los socialistas o viceversa? ¿Quién de las dos partes ostenta más poder sobre la otra? En fin, ¿quién manda sobre quién? Son preguntas sencillas de responder. Las respuestas son triviales. Las preguntas ofenden a la inteligencia tanto como las respuestas. La realidad está delante de nosotros, al alcance de una inteligencia media, pero la gente prefiere "distraerse", en el sentido que esta palabra tiene inglés, o sea, engañarse, confundirse y perturbarse –"suicidarse"–, con estas preguntitas y respuestas inútiles, en fin, con estas imágenes que el poder socialista construye sobre lo evidente para distorsionarlo, para convertir lo real en ficción. Engaño.
Volvamos, pues, a la verdad y levantemos acta de lo obvio: Juan Carlos I, el Rey de la España confederal y asimétrica, está no menos que Rajoy a las órdenes de Zapatero.