jueves, 22 de mayo de 2008

Gallardón


No hay mejor manera de entender lo que pasa que ir a las fuentes y no dejarnos influir por lo que dicen unos y otros que dijeron algunos. Por eso me he leído el discurso que hizo Gallardón el lunes en ABC.

Aparte de la cursilería propia del personaje, el dicurso tiene sus claroscuros. Acierta al apostar por desterrar el pesimismo que históricamente ha inhibido a los españoles de desarrollar iniciativas que estaban a nuestro alcance.

Sin embargo, megalómano hasta la saciedad, dice:

En 1995 ese discurso cambió radicalmente. No fue un giro parcial o progresivo, sino de 180 grados. La Comunidad de Madrid dejó de verse a sí misma como agente pasivo de lo que le ocurría a la región y la capital, y tomó la iniciativa de considerarse promotor del cambio, a partir de la idea de que la sociedad madrileña estaba capacitada para alcanzar el liderazgo en España. La transformación subsiguiente es ya Historia. Parte de junio de ese año y llega hasta el presente, pasando por 2003, cuando se produjo un relevo que ha servido para prorrogar, con algún matiz distinto, esa visión del lugar de Madrid en España, y momento en que ese impulso renovador se trasladó al Ayuntamiento de la capital, que se convirtió así en un auténtico Gobierno de la Ciudad, después de la etapa de Álvarez de Manzano, que había sido un gran Alcalde que supo gestionar nuestra ciudad día a día.

En 1995 llega Gallardón a la Comunidad de Madrid. Curiosamente, en 2003 es cuando Aguirre a ocupar la presidencia de la Comunidad, que prorroga "con algún matiz distinto" la labor de Gallardón. Pero en ese mismo años Gallardón se traslada al Ayuntamiento y nuestra modernización está a salvo.

Reclama esa misma ambición para España. En tres legislaturas nos pondríamos a un 10% de renta per cápita de Francia o Alemania. Supongo que él querrá ser ese gran timonel que nos llevará a la Arcadia de las potencias mundiales.

Apuesta por convertir a España en una asilo para "jóvenes jubilados europeos".

Acierta en esto:
Pero para alcanzar este liderazgo español global es necesario un cambio en los planteamientos económicos. No basta con debatir si dedicamos el superávit a malversarlo en una política asistencialista, que no social, o si lo empleamos sensatamente en inversiones que produzcan un cambio estructural que de verdad mejoren las condiciones de vida de los ciudadanos.

Yerra en esto:
Y se requiere para ello un discurso político integrador y de acuerdo con los partidos políticos y los territorios. Hay que invitar a los partidos nacionalistas a participar de él. Pero si no quieren participar, mantener la determinación y la claridad de miras suficientes para no retrasarnos ni desviarnos de ese proyecto modernizador. Esos partidos se preguntan todavía hoy, y singularmente en Cataluña, cómo Madrid ha pasado a desempeñar el actual protagonismo económico en el país partiendo de una situación muy inferior y habiendo perdido la supuesta hegemonía política que la descentralización, también pretendidamente, le prestaba. Creo que han empezado a entender, y quizá no equivoquen las prioridades una segunda vez. Esos partidos hablan ya menos de la lengua y la bandera y más de los ferrocarriles, el metro y el PIB. Es un buen síntoma, aunque aún les falta.

¿Está seguro Gallardón de que esos partidos hablan sólo de ferrocarriles, metro y PIB? No casa su afirmación con el discurso de PNV; PSC, BNG, CiU. Puro voluntarismo para justificar su voluntad de pactar con quien sea y lo que sea para conseguir el poder.

Acierta en su apuesta por la energía nuclear, pero los políticos nos ocultan que una central nuclear se tarda en construir un mínimo de diez años, con lo que hemos perdido el tren de la independencia energética hace muchos años. PSOE y PP nos han llevado a la esclavitud energética de rusos, argelinos y árabes.

Y cómo no, le sale su vena intervencionista. Apela a la obra pública como motor de la economía. Así lo hizo en la Comunidad de Madrid endeudando a la administración autonómica y después en el ayuntamiento (los túneles de la M-30 han costado más de 3 mil millones). Y apuesta por los trasvases de agua entre cuencas (qué inconsciente).

Apuesta por la unidad de España:
El necesario discurso de la unidad de España es no sólo un asunto propio del ensayismo, la teoría política o la Historia. Es un discurso que nace igualmente de una realidad económica y social común, y que por tanto se fortalece mediante esta ambición de medio y largo plazo como potencia llamada a desempeñar un liderazgo mucho mayor que el actual. La unidad de España surge en buena parte de la convivencia y los proyectos de una comunidad humana con vínculos de solidaridad y visión de la vida muy estrechos, muy antiguos y particularmente eficaces para afrontar los retos de un mundo en cambio. Tracemos estos objetivos de gran alcance para nuestro país, que simbólicamente se resumen en su posición en el ranking europeo, pero que significan mucho más, y estaremos contribuyendo poderosamente a cohesionar la Nación española y el Estado descentralizado que la vertebra. Estaremos, en fin, diseñando ese proyecto sugestivo de vida en común que Ortega reclamaba, y liberándonos al tiempo de la trampa del esencialismo que nos tienden los nacionalistas.

Luego, apuesta por el centro reformista que practicó Aznar. Puede que fuera centro, pero reformar no reformó nada. Ni la Justicia, ni la economía, ni las instituciones, ni la capacidad del Estado de intervenir en la vida de los ciudadanos. No reformó nada. Administró el socialismo que González diseñó e implantó en sus 14 años de gobierno. El centro es cualquier cosa que convenga en cualquier momento.