domingo, 20 de mayo de 2007

Glosas prisaicas


Hoy no he tenido la suerte de leer El País, pero ayer sí tuve la oportunidad. No hay vez que este periódico (¿independiente?) no me sorprenda con algún requiebro totalitario. Considero terrible que una gran cantidad de gente en España se alimente sólo de la ideología que mayoritariamente este periódico, que dicen fue grande en su día y que actualmente es una antigualla ideológica, tan reaccionario y conservador como la mayor parte de la izquierda europea.


Escribía ayer en El País José Vidal Beneyto un artículo llamado La privatización de la realidad, del cual voy a comentar unos cuantos párrafos que no tienen desperdicio.


Uno de los fundamentos básicos de la actual contrarrevolución neo-conservadora, que, auspiciada por Bush y sus epígonos ideológicos y políticos, se está imponiendo en todas partes es la primacía de lo individual y privado frente a lo público y a lo colectivo. A su elenco de prioridades pertenece la ofensiva, cada vez más general e irresistible, para la descalificación y desmontaje de lo que los seres humanos tenemos en común, cuya representación y defensa se atribuye habitualmente a los Estados y a los grandes actores de la sociedad civil en su conjunto. Esa operación culmina con la sustitución en todos los campos de los valores, pautas y dispositivos de condición particular y privada, que tienen como principales expresiones el protagonismo de los sujetos y la patrimonialización de los objetos. Proceso que desde la opción de la resistencia crítica está comenzando a llamarse patrimonialización de la realidad: sólo existen los individuos y todo lo real está exclusivamente destinado a su uso y disfrute.


Primero, demoniza la revolución neo-conservadora de varias maneras: está auspiciada por Bush y sus epígonos, es decir, el diablo; le pone el conocido prefijo neo- que como es sabido es sinónimo de pérfido y malvado. Segundo, estamos sufriendo una ofensiva y hay que ponerse en guardia. Pero lo más importante es que dice que están desmontando lo que los seres humanos tenemos en común, cuya representación y defensa se atribuye a los Estados y a los grandes actores de la sociedad civil. Equipara al Estado con la sociedad civil, lo cual es absolutamente falso y dice que es el Estado el que defiende lo que los seres humanos tenemos en común. ¿Se refiere al Estado de Hitler, al de Stalin o al de Castro? Qué falta de rigor intelectual. Sólo en algunos países el Estado defiende los derechos humanos y, normalmente, lo hace a su pesar, porque si por los políticos fuera, el Estado se metería en nuestras vidas como en Corea del Norte. Apela aquí a la condición divina del Estado, el benefactor que desea el bien de la Humanidad, el dios de la izquierda. Sin embargo, el Estado no es ningún ser que piense y actúe guiado por intenciones benéficas, sino por los intereses de los individuos que ocupan los puestos de relevancia, políticos y funcionarios. Políticos que quieren ganar las siguientes elecciones allí donde son elegidos y funcionarios que quieren acumular más poder y que son el verdadero lobby que influye sobre los políticos para hacer más y más regulaciones para ahogar la iniciativa de los ciudadanos.


Por último, se queja de que la máxima expresión de esa contrarrevolución es el protagonismo de los sujetos y la patrimonialización de los objetos. Efectivamente, eso es lo que queremos, ser dueños de nuestra individualidad sagrada, de nuestra libertad para determinar nuestras vidas y ser dueños de aquello que nos ganamos con el sudor de nuestra frente, queremos ser dueños, patrimonializar los objetos. ¿Qué pretende este señor? Que obedezcamos a gentes tan inteligentes y cultas como Zapatero y Pepiño y que, además, les entreguemos nuestros bienes para que ellos los manejen a su antojo. Que nosotros dispongamos de nuestros bienes y defendamos la propiedad privada va contra los sacrosantos valores de la izquierda.


Prosigue, metiéndose con Sarkozy y su elogio del trabajo en la pasada campaña electoral francesa.


Consecuente con ellos hemos asistido durante los seis meses largos de campaña electoral a la exhortación del trabajo pero no como el ineludible ejercicio de una función social, sino como un cumplimiento personal, casi de orden moral, muy próximo a la concepción calvinista anglosajona desde la que se ha alumbrado el capitalismo -Max Weber y Richard H. Tawney.


Este párrafo es un ejemplo del marxismo más terrorífico. El trabajo cumple una función social, dice y se quiere sustituir por un cumplimiento personal, de orden moral. Aquí otra vez quiere sustituir al individuo por el interés "social", es decir, por lo que la colectividad, el ente social en su conjunto decida, no por lo que el individuo, por una cuestión moral, económica o de interés personal quiera.


Había una entrevista a Josefina Aldecoa, que dice que si fuera alcaldesa de Santander pondría una entrada obligatoria a la ciudad por el mar y por la noche, para poder admirar la belleza de la ciudad de noche. ¡Menos mal que los poetas no gobiernan! Por lo menos, al final de la entrevista reconoce que sus extravagancias no iban a tener el refrendo popular por segunda vez y entonces se convertiría en pez plateado.


El artículo más terrible era el de Javier Pérez Royo defendiendo la tesis de que la Ley de Partidos supone la Liquidación electoral de una minoría. Necesita suscripción, así que no lo enlazo. Una muestra:


La privación del derecho de sufragio pasivo que se está practicando con la aplicación de la Ley de Partidos no priva solamente del derecho de sufragio a los ciudadanos que se ven afectados por la misma, sino que priva del derecho de sufragio activo a todos los ciudadanos que integran la izquierda abertzale y que se ven impedidos de ejercer real y efectivamente el mencionado derecho, ya que solamente se les deja la opción de votar a candidaturas de los demás partidos a los que no quieren votar o de abstenerse. El limbo electoral es la única opción real que se les deja a los ciudadanos que integran la izquierda abertzale.


Miente este hombre, pues los abertzales tienen múltiples opciones como EA, Aralar o Nafarroa Bai. Lo que no pueden hacer esos electores es votar a un partido que es parte de una banda terrorista. Vuelvo a preguntar lo mismo que el otro día cuando Conde Pumpido hablaba del Guantánamo electoral: ¿defendería lo mismo el señor Pérez Royo si fuera un partido neonazi que apoyara las actuaciones criminales de una banda terrorista racista que asesinara a musulmanes, gitanos y demás minorías raciales? Seguro que no.