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lunes, 21 de febrero de 2011

Fascistas


La situación que vivimos en la España de hoy es exactamente la que describe Pérez Reverte. Aquí se puede leer entero.

Un ejemplo, entre muchos, es la palabra fascista; que, de aludir al movimiento nacionalista surgido en Italia después de la Primera Guerra Mundial, con su encarnación hispana en el falangismo y otras tendencias hermanas, pasó a definir durante la Guerra Civil, en boca de la izquierda radical, al bando nacional e incluso a los republicanos moderados. Heredada por el franquismo, la palabra fue patrimonio de la ultraderecha durante la Transición, antes de verse felizmente olvidada durante veinte años. Pero en los últimos tiempos ha vuelto a ponerse de moda. La necesidad, a falta de coherencia ideológica propia, de poner etiquetas al adversario, hace que ahora se aplique a cualquier persona o situación que se aparte, no ya de una posición de izquierda, sino de lo social y políticamente correcto, e incluso de la más fresca tontería de moda. Así, alguien que se peine con fijador o vista con corrección puede ser calificado de fascista, igual que el aficionado a los toros, quien enciende un cigarrillo o el que ejerce violencia doméstica. Todo se presenta en el mismo paquete, el de fascistas o fachas, como si fuera improbable que alguien de izquierdas se peine con raya, fume, le guste ir a los toros o le pegue a una mujer. Por supuesto, quien más jugo saca al término es la clase política: ni los del Pepé de Murcia se cortaron llamando fascistas -en vez de animales miserables y cobardes, que es lo adecuado- a quienes apalearon hace unos días a su consejero de Cultura, ni un consejero de la junta andaluza llamado Pizarro se privó de llamar fascistas a los funcionarios, algunos afiliados a su mismo partido, o votantes de él, que boicotean los actos del Pesoe.

sábado, 5 de febrero de 2011

Con estos socialistas, ¿para qué queremos a los capitalistas?. Felipe González

Ayer decía que tendría que empezar esta serie. Hoy he decidido empezarla. Los tiempos en los que estamos pueden dar buen material para el blog.

Felipe González escribía ayer un artículo en El País
en el que reclamaba más espacio para la política frente a los poderes económicos. Más política, que parece que no tenemos suficiente. Ha sido la política la que nos ha traído la crisis económica y el señorito pide más política.

Parecía, en efecto, que aunque fuera a un coste inmenso, la política como representación de los intereses generales, empezaba a tomar las riendas del mercado para desarrollar un marco regulatorio y un sistema de control que evitara la galopada de los movimientos de capital puramente especulativos, de la proliferación de esos "derivados" sin registros contables ni conexión con la economía real o de los bonus escandalosos para accionistas y ciudadanos.
...
Pero, en fin, es solo una parte de esta fronda que nos llevó a la crisis y que teníamos la esperanza de que la política, de vuelta, pudiera racionalizar. En los debates de Davos parece que esa esperanza se convertirá en melancolía y que de nuevo incubaremos la siguiente burbuja financiera. Entonces nadie tolerará que se vaya al rescate de los que la provocan, a costa de tanto sufrimiento.

Es lógico que Felipe reclame más política. Acaba de fundar un fondo de inversión con el que pretende captar entre 120 y 150 millones de euros para invertir en energías renovables, salud y tecnologías. Es decir, sectores en los que la política es determinante para el éxito de las empresas ya que sólo la coacción política y la subvención pueden permitir que empresas en algunos de estos sectores tengan éxito. Menudo fiera es el sr. X.

martes, 18 de enero de 2011

Flaca memoria

Evidentemente, El País no ha estado a la altura y se ha olvidado de los argumentos que dio en su día para vincular el tiroteo de Arizona al Tea Party. En el caso de Murcia, sin embargo, la violencia contra el consejero del PP no tiene nada que ver con el acoso que sindicalistas y miembros del PSOE llevan haciendo desde hace meses a los miembros del gobierno murciano.


Resulta sencillamente temerario que, antes siquiera de que la investigación recogiera los primeros datos sobre la agresión al consejero, el presidente murciano, Ramón Luis Valcárcel, asignase sin asomo de duda las responsabilidades. Para ello, utilizó un razonamiento que resulta peligroso en boca de cualquier ciudadano, pero mucho más si ejerce una responsabilidad institucional. Valcárcel aseguró que, puesto que la izquierda es solo una, el partido socialista es culpable con independencia de quiénes sean los agresores.


Alfonso Ussía no lo puede decir mejor:

Pedro Alberto Cruz, una paliza brutal. La trituradora. Esta nueva izquierda del pasado siglo que ha reiventado Zapatero no quiere ser vencida ni por las urnas. Y los españoles, que antaño teníamos fama de valientes y arrojados, somos más bien corbardes. Se vio después del atentado islamista de 2004. Nueve millones de españoles resistieron. La periodista de Prisa Maruja Torres, que pertenece a la Trituradora, escribió que en España había nueve millones de hijos de puta. Lo que no se atrevió a escribir jamás de un terrorista de ETA se lo endosó a nueve millones de ciudadanos por votar al Partido Popular.

Es lo que hay. Preparémonos para cuando gobierne Rajoy.