Mostrando entradas con la etiqueta Libros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Libros. Mostrar todas las entradas

domingo, 17 de abril de 2011

La muralla de libros


Nos acabamos de mudar de casa y ya hemos vaciado las últimas cajas de libros a la espera de que traigan una estantería. De momento tenemos una gran muralla.

domingo, 10 de abril de 2011

Un momento de descanso


Paco me recomendó hace años un autor llamado Antonio Orejudo y el otro día compré su último libro, Un momento de descanso. Un libro sobre el desengaño en la vida y la renuncia a los principios como único medio de supervivencia en este mundo.

Al final del libro, el recién nombrado catedrático Cifuentes, que ha conseguido rehacer su carrera después de haberla arruinado por ser fiel a sus principios, dice:

La vulgaridad, la ignorancia y la soberbia se han apoderado del mundo. Reconozcamos la victoria de la mediocridad sobre la excelencia. Ninguna época se ha rendido tan fácilmente como la nuestra a ese espejismo de igualdad con que la ramplonería halaga los oídos de los simples. La incultura y la ignorancia han tomado como en un golpe de Estado la vida civil. A consecuencia de ellos vivimos una inversión de valores. Lo alto es bajo, lo bajo es alto y los mejores han sido amordazados para que no denuncien con su severidad este carnaval perpetuo. Hoy el solecismo es más prestigioso que la concordancia y los barbarismos se extienden con más facilidad que los términos autóctonos. La inversión de valores es tan radical en nuestros días que una pesona que maltrata el idioma diciendo españoles y españolas o presidenta pasa por ser un demócrata cuando en realidad es un dictador. Un dictador que como todos los sátrapas se hace pasar a sí mismo por heraldo de la igualdad. Negarse a ir por los estrambóticos caminos que marcan los locutores, los tertulianos, los líderes de opinión, los políticos, los cocineros, los sastres, los periodistas, los atletas y los supuestos intelectuales debe ser una obligación para los verdaderos demócratas, para los ciudadanos comprometidos con la cosa pública. La rebelión gramatical es la única revolución que nos queda. Hoy aquella heroica resistencia contra el fascismo consiste en negarse a hablar como los animadores de los programas de variedades, consiste en evitar las expresiones que imponen los políticos o las series de televisión más populares, y en no repetir jamás los lemas ideados por las agencias de publicidad. Hay que resistir frente a esa dictadura de la vulgaridad que nos iguala a todos por abajo, que nos obliga a expresarnos mal y por lo tanto a pensar con dificultad. La exigencia de usar bien la lengua no es una excentricidad, sino un verdadero compromiso político con la democracia y con los ciudadanos. Defender el buen uso de la lengua es una actitud crítica, una defensa de las personas frente al poder de las corporaciones económicas, una verdadera actitud republicana...

sábado, 5 de marzo de 2011

2666


DINERO. En pocas palabras, para Seaman el dinero era necesario, pero no tan necesario como la gente decía. Se puso a hablar de lo que llamó relativismo económico. En la cárcel de Folsom, dijo, un cigarrillo equivalía a a una vigésima parte de una lata pequeña de mermelada de fresa. En la cárcel de Soledad, por el contrario, un cigarrillo equivalía a la trigésima parte de esa misma lata de mermelada de fresa. En Walla-Walla, sin embargo, un cigarrillo estaba a la par de la lata de mermelada, entre otras razones poque los reclusos de de Walla-Walla vaya uno a saber por qué motivos, tal vez debido a una intoxicación alimentaria, tal vez a una adicción cada vez mayor a la incotina, despreciaban profundamente las cosas dulces y procuraban pasarse todo el día inhalando humo en sus pulmones. El dinero, dijo Seaman, en el fondo era un misterio y él no era, por sus nulos estudios. la persona más adecuada para hablar de ese tema. No obstante tenía dos cosas que decir. La primera era que no estaba de acuero en la forma en que gastaban su dinero los pobres, sobre todo los pobres afroamericnao. Me hierve la sangre cuando veo a un chi¡ulo de putas paseándose por el barrio a bordo de una limousine o de un Lincoln Continental. No lo puedo soportar. Cuando los pobres ganan dinero deberían comportarse con mayor dignindad, dijo. Cuando los pobres ganan mucho dinero, deberían ayudar a sus vecinos. Cuando los pobres ganan mucho dinero, deberían mandar a sus hijos a la universidad y adoptar a uno o más huérfanos. Cuando los pobres ganan dinero, deberían admitir públicamente que han ganado sólo la mitad. Ni a sus hijos deberían contarle lo que en realidad tienen, porque los hijos luego quieren la totalidad de la herencia y no están dispuestos a compartirla con sus hemanos adoptivos. Cuando los pobres ganan dinero deberían guardar fondos secretos para ayudar no sólo a los negros que están pudriéndose en las cárceles de los Estados Unidos, sino para fundar empresas humildes como lavanderías, bares, videoclubs, que generen ganancias que luego se reviertan íntegramente en lsu comunidades.

domingo, 30 de enero de 2011

Heberto Padilla. Fuera del juego

Heberto Padilla fue el primer escritor denigrado por la dictadura castrista. Fue en 1968 cuando a raíz de su participación en un concurso literario con Fuera del juego. A partir de ahí fue perseguido, vigilado y acusado en repetidas ocasiones de conspiración contra el régimen castrista. Su detención en 1971 dio lugar al caso Padilla por el que un buen número de escritores se comenzaron a oponer a los Castro.

La dictadura socialista que impregna todo el mundo cultural español ha impedido que su obra sea conocida en España. Yo la descubrí de casualidad hace unos años cuando tuve que comprar por encargo un libro suyo en Nueva York. En España es imposible de encontrar.

FUERA DEL JUEGO

A Yannis Ritzos, en una cárcel de Grecia.

¡Al poeta, despídanlo!
Ese no tiene aquí nada que hacer.
No entra en el juego.
No se entusiasma.
No pone en claro su mensaje.
No repara siquiera en los milagros.
Se pasa el día entero cavilando.
Encuentra siempre algo que objetar.

¡A ese tipo, despídanlo!
Echen a un lado al aguafiestas,
a ese malhumorado
del verano,
con gafas negras
bajo el sol que nace.
Siempre
le sedujeron las andanzas
y las bellas catástrofes
del tiempo sin Historia.
Es
incluso
anticuado.
Sólo le gusta el viejo Amstrong.

Tararea, a lo sumo,
una canción de Pete Seeger.
Canta,
entre dientes,
La Guantanamera.
Pero no hay
quien lo haga abrir la boca,
pero no hay
quien lo haga sonreír
cada vez que comienza el espectáculo
y brincan
los payasos por la escena;
cuando las cacatúas
confunden el amor con el terror
y está crujiendo el escenario
y truenan los metales
y los cueros
y todo el mundo salta,
se inclina,
retrocede,
sonríe,
abre la boca
“pues sí,
claro que sí,
por supuesto que sí...”
y bailan todos bien,
bailan bonito,
como les piden que sea el baile.
¡A ese tipo, despídanlo!
Ese no tiene aquí nada que hacer.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Episodios nacionales (IV). Prestigio sin fundamento


Dice Galdós en Napoleón en Chamartín tras la muerte del regidor Mañara a manos del vulgo:

¿Quién hizo correr la voz de la traición de Mañara? ¿Fue todo obra deliberada de la Zaina? La historia dice que sí; pero yo creo haber oído tachar de sospechoso al pobre regidor en parajes muy distantes de la calle de la Pasión. Sin duda el frecuente roce con la plebe había desconceptuado mucho a D. Juan en la opinión de sus iguales. Carecía en absoluto de respetabilidad, y el que la pierde entre los de arriba queriendo sustituirla con bajas amistades, que son siempre inconstantes, está expuesto a perderlo todo en un momento, y a que cualquier chispa fugaz incendie de improviso la fábrica de una reputación que no se funda en nada sólido.

Mañara había adulado a la plebe imitándola. Con este animal no se juega. Es como el toro que tanto divierte, y de quien tantos se burlan; pero que cuando acierta a coger a uno, lo hace a las mil maravillas. Vimos caer a Godoy, favorito de los reyes, y ahora hemos visto caer a Mañara, favorito del pueblo. Todas las privanzas que no tienen por fundamento el mérito o la virtud suelen acabar lo mismo. Pero nada hay más repugnante que la justicia popular, la cual tiene sobre sí el anatema de no acertar nunca, pues toda ella se funda en lo que llamaba Cervantes "el vano discurso del vulgo, siempre engañado".

sábado, 13 de noviembre de 2010

A sangre y fuego (II)

En el último de los relatos de Manuel Chaves Nogales recogidos en este volumen titulado Consejo obrero, se narran las vicisitudes de unos trabajadores que no simpatizan con la revolución que querían imponer socialistas y comunistas. Es significativo del clima sectario que se respiraba en aquellos tiempos en el bando republicano que la memoria selectiva impuesta desde el poder intenta ocultar. Recuerdo que Chaves Nogales era un periodista republicano, antagonista de Franco.

En este pasaje el consejo obrero de una fábrica incautada a un empresario interroga a unos trabajadores sospechosos de colaborar con los rebeldes.

- ¿No tienes nada más que decir, camarada? -le preguntó el presidente en una de aquellas pausas en las que el orador parecía detenerse ante un abismo.
-¡Sí, sí! Tengo que decir mucho más. ¡Es que no me sale!
Lo que Daniel quería decir a toda costa y no sabía era la indignación que a borbotones sentía hervir en su pecho contra aquella inhumana "justicia de la revolución" que querian hacer con él.
- Yo no he sido nunca revolucionario, pero tampoco tenía obligación de serlo. Nadie me puede llamar traidor a la revolución porque nunca me había comprometido a hacerla ni a ayudarla. Yo ganaba mi jornal trabajando honradamente. No era mal compañero. Creo yo. Servía al patrón...
Una sonrisilla delgada de uno de los consejeros le exasperó:
-¡Como le servíais todos vosotros, cochinos!
Estalló una tempestad de protestas.
-¡Todos, todos! -vociferaba Daniel-. ¡Cuando perdíais las huelgas veníais humillados a lamer la mano al patrón para que os diese trabajo!
El presidente cortó el tumulto.
- Procura justificarte sin injuriar a los camaradas si quieres que te escuchen con paciencia.
Daniel bajó el tono.
- Yo servía ál patrón... La fábrica era suya; él mandaba y nosotros obedecíamos. Procuraba estar a buenas con él. Vosotros luchabáis; yo no. Vosotros queríais mandar; yo me había resignado a obedecer. Vosotros queríais ser los dueños de la fábrica; yo no lo he soñado nunca. ¡Ya sois los amos! ¡Ya mandáis! No os pido más sino que me dejéis vivir y trabajar como me dejaba el patrón. discuto la victoria, no os reclamo una parte. Yo no era de lso vuestros, no estaba en vuestro sindicato, pero tengo derecho a la vida y al trabajo. ¡No vais a ser peores que los burgueses!
...
-Yo-terminó Daniel- he estado siempre solo. Solo, en medio de la calle, luchando con el hambre y la miseria, me hice hombre; solo aprendí mi oficio y solo tuve que defenderme contra los patrones que me explotaban. ¡A nadie debo nada! ¿Qué me pedís? ¿De qué me acusáis ahora?

Evidentemente, Daniel es despedido de su trabajo por no revolucionario y termina muerto de hambre, vagando por las calles de Madrid hasta que implora ir al frente para poder comer. Como dice Ana Cañil en el prólogo: "Andrés Trapiello, que ha teorizado la posibilidad de una tercera España en su clásico Las armas y las letras escribe en ese libro que aquélla no fue una guerra civil entre las dos Españas, como erróneamente creyeron muchos durante demasiados años siguiendo la idea de hombres perspicaces como Machado o Unamuno, sino la determinación de dos Españas minoritarias y extremas para acabar con la otra, la mayoritaria tercera España, en la que se podían haber integrado gentes de toda condición, edad, clase e ideología, excluyendo de ella a aquellas otras dos, la fascista por un lado, y la anarquista, comunista, trotskista o socialista radical, por otro, tratando de ensayar a toda costa revoluciones que ya habían salido triunfantes en la Unión Soviética, en Alemania o en Italia."

martes, 9 de noviembre de 2010

A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España


Hacía meses que llevaba buscando A sangre y fuego, uno de los libros de Manuel Chaves Nogales que se han reeditado este año y que después de la lectura de La agonía de Francia me apetecía leer. A pesar de ser un defensor de la República, Chaves Nogales adopta un punto de vista imparcial y cada uno de los nueve relatos que componen el volumen son una muestra de la vileza y brutalidad de la guerra en cada uno de los dos bandos. No se considera representado por los rebeldes ni por los milicianos comunistas, socialistas y anarquistas.

En el prólogo, dice el autor:

Yo era eso que los sociólogos llaman un "pequeñoburgués liberal", ciudadano de una república democrática y parlamentaria. Trabajador intelectual al servicio de la industria regida por una burguesía capitalista heredera inmediata de la aristocracia terrateniente, que en mi país había monopolizado tradicionalmente los medios de producción y de cambio – como dicen los marxistas –, ganaba mi pan y mi libertad con una relativa holgura confeccionado periódicos y escribiendo artículos, reportajes, biografías, cuentos y novelas, con los que me hacía la ilusión de avivar el espíritu de mis compatriotas y suscitar en ellos el interés por los grandes temas de nuestro tiempo. Cuando iba a Moscú y al regreso contaba que los obreros rusos viven mal y soportan una dictadura que se hacen la ilusión de ejercer, mi patrón me felicitaba y me daba cariñosas palmaditas en la espalda. Cuando al regreso de Roma aseguraba que el fascismo no ha aumentado en un gramo la ración de pan del italiano, ni ha sabido acrecentar el acervo de sus valores morales, mi patrón no se mostraba tan satisfecho de mí ni creía que yo fuese realmente un buen periodista; pero, a fin de cuentas, a costa de buenas y malas caras, de elogios y censuras, yo iba sacando adelante mi verdad de intelectual liberal, de ciudadano de una república democrática y parlamentaria.
...
Pero la estupidez y la crueldad se enseñoreaban de España. ¿Por dónde empezó el contagio? Los caldos de cultivo de esta nueva peste, germinada en ese gran pudridero de Asia, nos los sirvieron los laboratorios de Moscú, Roma y Berlín, con las etiquetas de comunismo, fascismo o nacionalsocialismo, y el desapercibido hombre celtíbero los absorbió ávidamente. Después de tres siglos de barbecho, la tierra feraz de España hizo pavorosamente prolífica la semilla de la estupidez y la crueldad ancestrales. Es vano el intento de señalar los focos de contagio de la vieja fiebre cainita en este o aquel sector social, en esta o aquella zona de la vida española. Ni blancos ni rojos tienen nada que reprocharse. Idiotas y asesinos se han producido y actuado con idéntica profusión e intensidad en los dos bandos que se partieran España.
De mi pequeña experiencia personal, puedo decir que un hombre como yo, por insignificante que fuese, había contraído méritos bastantes para haber sido fusilado por los unos y por los otros. Me consta por confidencias fidedignas que, aun antes de que comenzase la guerra civil, un grupo fascista de Madrid había tomado el acuerdo, perfectamente reglamentario, de proceder a mi asesinato como una de las medidas preventivas que había que adoptar contra el posible triunfo de la revolución social, sin perjuicio de que los revolucionarios, anarquistas y comunistas, considerasen por su parte que yo era perfectamente fusilable.
...
Vi entonces convertirse en comunistas fervorosos a muchos reaccionarios y en anarquistas terribles a muchos burgueses acomodados. La guerra y el miedo lo justificaban todo.
Hombro a hombro con los revolucionarios, yo, que no lo era, luché contra el fascismo con el arma de mi oficio. No me acusa la conciencia de ninguna apostasía. Cuando no estuve conforme con ellos, me dejaron ir en paz.
Me fui cuando tuve la íntima convicción de que todo estaba perdido y ya no había nada que salvar, cuando el terror no me dejaba vivir y la sangre me ahogaba. ¡Cuidado! En mi deserción pesaba tanto la sangre derramada por las cuadrillas de asesinos que ejercían el terror rojo en Madrid como la que vertían los aviones de Franco, asesinando mujeres y niños inocentes. Y tanto o más miedo tenía a la barbarie de los moros, los bandidos del Tercio y los asesinos de la Falange, que a la de los analfabetos anarquistas o comunistas.
Los "espíritus fuertes" dirán seguramente que esta repugnancia por la humana carnicería es un sentimentalismo anacrónico. Es posible. Pero, sin grandes aspavientos, sin dar a la vida humana más valor del que puede y debe tener en nuestro tiempo, ni a la acción de matar más trascendencia de la que la moral al uso pueda darle, yo he querido permitirme el lujo de no tener ninguna solidaridad con los asesinos. Para un español quizá sea éste un lujo excesivo.

jueves, 7 de octubre de 2010

Al fin, Vargas Llosa


Vargas Llosa ha sido galardonado con el premio Nobel de Literatura. Aunque el Nobel, como todos los premios literarios está desprestigiado, y es más una herramienta de propaganda política progre que un premio literario, en este caso y sin que sirva de precendente considero que es completamente justo. He leído casi toda la obra de Vargas Llosa y salvo algunas de sus novelas menores, como El paraíso en la otra esquina, Los cuadernos de don Rigoberto y alguna otra, el resto son novelas para recordar y releer.

Ha sido un innovador en la literatura, componiendo novelas complejas en su estructura, pero fáciles de leer. La mayoría de sus libros contienen historias interesantes, con un ritmo ágil. Mis preferidas son Conversación en la Catedral, La fiesta del Chivo, La guerra del fin del mundo entre las "políticas" y Pantaleón y las visitadoras y La tía Julia y el escribidor, entre las que se podrían considerar ligeras.

Además, es un gran amante de España, es ciudadano español desde el año 1993 y es un gran defensor de la libertad y del individuo frente al poder y al corrupción de la política.

martes, 31 de agosto de 2010

La agonía de Francia (II)

Revisando entradas del blog, he encontrado una que se quedó sin publicar y que se puede leer aquí

martes, 29 de junio de 2010

La agonía de Francia (II)


La situación de España, con el Estatuto de Cataluña ya aprobado, trae una sensación de desazón difícil de describir. Lo que se adivinaba en el horizonte es ya una realidad material, aunque realmente hace muchos años que los españoles hemos renunciado al patriotismo (que no es lo mismo que nacionalismo) y nos hemos dejado llevar del ronzal a donde los enemigos de España, progres y separatistas, nos han querido llevar. Es ahora cuando releo el ensayo de Chaves Nogales reseñado ayer y encuentro esto, que tan bien nos aplica:

"Éste era el clima moral de Francia. La importancia y la esterilidad de los últimos movimientos tanto reaccionarios como revolucionarios, la falta de fe no sólo en los hombres, sino en las ideas y en los sistemas, la íntima convicción de la inutilidad de todo esfuerzo colectivo, habían creado un ambiente de claudicación y un ssentimiento de derrota en las masas francesas que habían llegado a estar muy por debajo del exponente que eran sus hombres públicos. Ésta era la dura realidad. El gobernante francés y en general el político, no obstante su mediocridad , a pesar de todos sus defectos, de su falta de visión histórica y aun, en ocasiones, de su claudicante moralidad, era, en los últimos tiempos, muy superior a la masa que representaba. Este hecho, que cada vez se verá más claro, ha permitido hasta el último instante mantener en pie la ficción de un país que interiormente se había derrumbado. ... En Francia no quedaba en pie más que la estructura exterior del régimen, de ese calumniado régimen democrático que todavía permitía hacer creer a los extraños que Francia seguía siendo un pueblo fuerte, capaz de desafiar los embates de sus formidables enemigos exteriores."

lunes, 28 de junio de 2010

La agonía de Francia


Estos días me ha ocurrido una curiosa coincidencia literaria. Hace un tiempo, Linguini me regaló dos libros de Arthur Koestler, comprados en una de las librerías más antiguas del mundo, la librería Hatchards de Londres, un templo de los libros. Uno era Darkness at noon (reseñado aquí hace ya mucho tiempo) y el otro Scum of the Earth, que estoy leyendo ahora. Pongo los títulos en inglés, pues no es posible encontrarlos editados en español. De hecho, es mu difícil encontrar obra de Koestler incluso en inglés. Apuesto a que si hubiera sido comunista toda su vida seguiríamos encontrando su obra en España.

Koestler relata en este último libro su peripecia durante los meses en los que Francia intenta resistir al empuje alemán hasta la rendición de Petain. Su paso por diferentes penales, campos de concentración y su huida de París ante la llegada de los alemanes. El poco respeto de Francia por los extranjeros que darían su vida por la democracia y la libertad frente al nazismo.

Pues bien, el otro día en la Feria del libro de Madrid, compré un librito de Manuel Chaves Nogales llamado La agonía de Francia. En él relata cuáles son las circunstancias por las que Francia sucumbió al empuje alemán. Principalmente la descomposición social y el auge del fascismo en parte de la sociedad francesa. Exactamente la misma época que narra Koestler en su diario. De hecho, Chaves cita en su libro algunas expresiones que utiliza Koestler como escoria de la tierra y hace una crítica muy similar a la del autor húngaro. Parecería que el español había leído o conocía la obra del húngaro.

Dice Chaves Nogales sobre la guerra civil larvada que hay en Francia en los tiempos previos a la guerra:


"Esa guerra civil, que es la que en realidad ha vencio a Francia, estaba declarada desde que en 1936 la nueva táctica comunista llevó al poder al gobierno del Frente Popular.


La táctica de los Frentes Populares, adoptada por el Komintern en 1935, ha sido funesta a Francia como lo fue a España. En ambos países dio el triunfo electoral a las izquierdas, pero en ambos casos provocó automáticamente la reacción profascista que, si en España tomó la forma del alzamiento militar, del típico pronunciamiento español, en Francia sirvió de pretexto para que las fuerzas derechistas de la nación, movidas por el terror panico al comunismo, torciesen el rumbo de la política internacional francesa orientándola hacia la alianza con Italia y la contemporización con Alemania con lo que prácticamente destruían de un golpe el complicado sistema de alianzas elaborado con discreta perseverancia por Berthelot Barthou y sus oscuros colaboradores desde hacía veinte años, sistema en el que se basaba la teoría de la seguridad colectiva y la seguridad real de Francia.


Otro día reseñaré más fragmentos de este excelente ensayo sobre la democracia y el suicidio colectivo de un país, una de las grandes tragedias del s. XX.

lunes, 31 de mayo de 2010

La batalla de las Termópilas (II)


Artábano le sigue recomendando a Jerjes que se ande con cuidado con los griegos que se le resistirán fieramente pues su ley les obliga a defender la patria y la ley para ellos está por encima de la propia vida (¡qué tiempos aquéllos para los griegos!).


Heródoto pone en boca de Jerjes lo que hoy diríamos "no vayas a la parálisis por el el análisis":


"Artábano, es indudable que plantas atinadamente todos esos inconvenientes; pero no abrgues temor ante todo, y no analices todo tipo de asuntos con la misma minuciosidad. Pues cierto que, si, ante las diversas situaciones que se van presentando, pretendieses analizar todos los detalles con la misma minuciosidad, jamás harías nada. Es preferible afrontar con confianza todos los peligros y sufrir la mitad de los potenciales contratiempos, que temer de antemano todo tipo de riesgos y permanecer constantemente inactivo."


Es el espíritu emprendedor.

lunes, 24 de mayo de 2010

Bailén


Galdós cuenta en el cuarto Episodio Nacional el deplorable estado del ejército de aluvión que se formó para luchar contra el invasor francés, diciendo que hacía reír. Ese ejército de aficionados fue financiado por todos los españoles, con donativos que venían de todos los españoles:

"¿Y el dinero para la guerra? Causa risa ver cómo se da hoy de calabazas un ministro de Hacienda para arbitrar, con destino a otra guerra, unos cuantos millones que nadie quiere darle si no hipoteca hasta el último pingajo de la nación. Aprended, generaciones egoístas. Leed las listas de donativos hechos por los gremios, por los comerciantes, por los nobles y hasta por los mendigos. ¡Aquí sí era llover de dinero, y reunirlo a montones, sin que ni un realito de vellón se escapara por entre los agujeros del cesto administrativo! En la lista de donaciones hay una partida conmovedora que dice así: "La señora condesa, viuda de Montelirios, ha entregado su toaleta de plata, manifestando el sentimiento de que sus medios no alcancen tanto como su voluntad"

¿Habrá hoy quien dé su toaleta?"

Exactamente igual que hoy. Según leía ayer en el periódico, los españoles se están acercando a los bancos para ver cómo pueden sacar legalmente sus ahorros de España ante el temor de que el Gobierno no pueda pagar su deuda y embargue en algún momento las cuentas. Nadie quiere sacrificar su dinero ante la situación de emergencia nacional en la que nos encontramos. Y es lógico, ya que el Gobierno, todos los partidos políticos y las instituciones han expoliado en estos años la riqueza de los españoles. Además, se ha eliminado la responsabilidad de los individuos, todo lo va a arreglar el Estado, se ha perdido el concepto patriótico según el cual cuando las cosas se tuercen, es deber de todos aportar. Ahora los líderes políticos no están legitimados para pedir ningún esfuerzo más a la población. Por lo menos a los que han pagado durante todos estos años. Como se dice vulgarmente, maricón el último.

viernes, 7 de mayo de 2010

La noche de los tiempos (II)


Ignacio Abel, el desengañado socialista, ya a salvo en Estados Unidos, se reencuentra con su amante norteamericana, romántica amante de la República española y dispuesta a ir a España a luchar en la guerra con los milicianos. Abel intenta convencerla de que no vaya a España y que se quede con él, pues tampoco el bando republicano es merecedor de apoyo alguno:
No hay nada que puedas o debas hacer. Tienes la suerte de que no sea tu país. Olvídate de e´l, tú que puedes. En Abisinia ha habido muchos más muertos que en España y ni a ti ni a mí nos han quitado el sueño. Ni a las democracias ni a la Sociedad de Naciones. Hitler quiere expulsar de Alemania a todos los judíos y ha encerrado en campos a los socialdemócratas y a los comunistas y no ha habido ni una sola protesta internacional. ¿Se va a escandalizar alguien porque ahora le ayude a Franco en España? En Rusia se mueren de hambre por millones y no le importa a nadie, y todas las personas generosas y amantes de la justicia se emocionan con la propaganda soviética. Tampoco es tan difícil. Con excepciones, el mundo entero es un lugar espantoso, y lo más normal es el sufrimiento y el crimen. ... Adelante. Igual cuando consigáis llegar a España aún no se ha hundido la República. Os recibirán con pancartas y bandas de música. Os llevarán a hacer turismo por algún frente tranquilo. En Madrid os darán un banquete y un baile en el palacio de la Alianza de Intelectuales. La comida que os sirvan en este banquete será mucho mejor y más abundante que el rancho que les dan a los soldados en el frente, si es que hay camiones para llevarles el rancho, o si hay gasolina para esos camiones, porque puede ser que falte para ellos y la estén gastando en desfiles o en llevar gente al matadero. Alberti y toda su banda de poetas con monos azules bien planchados os recitarán kilómetros de versos. Os llevarán a una corrida y a un tablao flamenco. Os harán fotos y saldréis en los periódicos. Os presentarán como una prueba más de que en todo el mundo crece la simpatía por la lucha del pueblo español contra el fascismo. A continuación os pondrán en la frontera y podréis volver a vuestro país con la conciencia tranquila y con la alegría de haber viviso una aventura peligrosa y exótica.

domingo, 2 de mayo de 2010

La noche de los tiempos


Da la casualidad que en estos días de olvido de la Transición y de guerracivilismo redivivo, estoy leyendo la novela de Antonio Muñoz Molina La noche de los tiempos. Narra la historia de una arquitecto de convicciones socialistas aburguesado que comete adulterio en los meses previos a la Guerra Civil y su posterior huida a Estados Unidos. Es una buena novela, con buenos personajes, y un buen retrato del Madrid de aquella época convulsa en la que el gobierno republicano era incapaz de mantener el orden y éste fue subvertido por anarquistas y comunistas para conseguir la revolución proletaria.

Cuando Ignacio Abel, el protagonista,va a despedirse de su amigo Juan Negrín, ya en ese momento Ministro de Hacienda del descompuesto gobierno republicano, éste reconoce la descomposición de la República y la imposibilidad de que las diferentes facciones políticas, incluso dentro del orden republicano sean capaces de respetar la ley:

"Don Manuel Azaña quiere la Tercera República francesa. Usted u yo y unos cuantos como nosotros nos conformaríamos con una república socialdemócrata como la de Weimar. Pero nuestro correligionario y ahora presidente del gobierno dice que quiere una Unión de Repúblicas Socialistas Ibéricas, y don Lluís Companys una república catalana, y los anarquistas se olvidan de que estamos en guerra y tenemos enfrente a un enemigo sanguinario para experimentar en todo este desbarajuste con la abolición del Estado. Y para poner en práctica su delirio particular cada partido y cada sindicato lo primero que ha hecho ha sido inventarse su propia policía, sus propias cárcales y sus propios verdugos."

viernes, 30 de abril de 2010

La batalla de las Termópilas


Cuenta Heródoto en el libro séptimo de su Historia la famosa batalla de las Termópilas que se desarrolló dentro de la Segunda Guerra Médica (no tiene nada que ver con la reforma sanitaria de Obama y se llaman así porque los griegos llamaban medos a los persas). Esta historia dio lugar al cómic y a la película 300.

Lo leía ayer y uno de los pasajes me pareció idóneo en esta época en la que nuestro gobierno improvisa continuamente. Dice Heródoto que Artábano trataba de convencer a Jerjes de que no atacara a los griegos con diversos argumentos entre los que estaba el siguiente:


"Pues he llegado a la conclusión de que plantear a fondo un asunto constituye un inapreciable provecho, ya que, aun cuando pueda presentarse algún contratiempo, la decisión adoptada no deja de ser adecuada, y lo que ocurre es que la misma se ve trastocada por lo imprevisible. En cambio, quien toma sus decisiones a la ligera se encuentra con un éxito inesperado, si le acompaña la fortuna, pero su decisión no deja de ser errónea.

...


La precipitación, en suma, engendra errores en todo tipo de asuntos, y de los errores suelen derivarse graves daños; en la cautela, en cambio, radican una serie de ventajas que, aunque no denoten su presencia de inmediato, a la larga, empero, llegan a detectarse."
Belén Esteban lo podría explicar casi como Heródoto.


viernes, 12 de marzo de 2010

La América de una planta (IV)

Estados Unidos es un país en el que reina una claridad primitiva en todos los actos e ideas.
Ser rico es mejor que ser pobre. En consecuencia, en lugar de perder el tiempo buscando el mejor método de erradicar la pobreza, es mejor valerse de todos los medios posibles para ganar millones.

Es mejor tener mil millones que un millón. Por tanto, en lugar de abandonar los negocios y disfrutar de ese millón ganado con tanto esfuerzo, se queda uno sentado en la oficina, en mangas de camisa, chorreando sudor, y dedica todos sus esfuerzos a ganar mil millones.

domingo, 28 de febrero de 2010

La América de una planta (III)


"En un tren exactamente igual, hace unos setenta y cinco años, un muchacho llamado Edison vendía periódicos a los viajeros. En un tren exactamente igual un revisor le propinó en la oreja un golpe histórico que le dejaría sordo. Y en 1927, cuando se celebraba el octogésimo aniversario de Edison, entre Detroit y Dearborn se reconstruyó una antigua línea férrea de ferrocarril, y en ese mismo tren montó el ilustre inventor. Como setenta y cinco años antes, Edison vendía periódicos a los invitados sentados en el tren. Cuando preguntaron a Edison si la sordera le había perjudicado su trabajo, respondió:

- En absoluto. Hasta me ha dispensado de la obligación de escuchar las tonterías en que son tan pródigos los seres humanos."

lunes, 15 de febrero de 2010

La América de una planta (II)


Al hilo de la entrada anterior sobre la película Up in the air, he recordado un pasaje del libro La América de una planta que reseñé el otro día. Ilf y Petrov visitan la fábrica de Ford en Dearborn:

"Los hombres trabajan con una rapidez febril en la cadena principal de la fábrica Ford. Nos sorprendió la expresión de esos obreros, sombría y a la vez agitada. El trabajo les absorbía por entero; ni siquiera tenían tiempo de levantar la cabeza. Pero no era sólo un caso de fatiga física. Parecía como si esa gente padeciera una depresión moral, como si sufriera un acceso de locura diario, durante las seis horas que pasaba en la cadena de producción. Por eso, al volver a casa, necesitaba de un largo descanso, de una suerte de restablecimiento, para poder caer en esa locura pasajera al día siguiente.

El trabajo está dividido de tal modo que los obreros no saben hacer nada por sí mismos: no tienen profesión. Los hombres no son los dueños de las máquinas, sino sus esclavos. Por eso no dan muestras de esa dignidad personal propia del obrero cualificado americano. El trabajador de la fábrica Ford recibe un buen sueldo, pero no representa ningún valor técnico. En cualquier momento pueden echarlo y sustituirlo por otro. Y el nuevo empleado aprenderá a montar automóviles en veintidós minutos. Trabajar en la Ford proporciona al obrero unos ingresos regulares, pero no le permite mejorar su cualificación y, por tanto, no asegura su futuro. Eso explica que los norteamericanos se muestren reacios a trabajar para la Ford, a no ser en calidad de capataces y empleados. La mayoría de los obreros de la Ford son mexicanos, polacos, checos, italianos y negros.

La cadena no deja de avanzar, entregando uno tras otro magníficos coches baratos. A través de las anchas puertas salen al mundo exterior, a la gran pradera, a la libertad. La gente que los fabrica sigue encarcelada. Es un cuadro sorprendente que escenifica el triunfo de la técnica y el desamparo del hombre.
...
- Sirs -dijo el señor Adams, presa de una repentina excitación-, ¿saben ustedes por qué los obreros del señor Ford desayunan en el suelo de cemento? Es muy, muy interesante, sirs. Al señor Ford le da igual cómo desayunan sus obreros. Sabe que, en cualquier caso, la cadena les obligará a hacer su trabajo, ya coman en el suelo, se sienten a la mesa o no prueben bocado. Tomemos, por ejemplo, a la General Electric. Sería absurdo pensar que la administración de la GE tiene más aprecio por los obreros que el señor Ford. Hasta es posible que los respete menos. Y sin embargo, ofrece a los suyos cantinas excelentes. Ello se debe a que son obreros cualificados y hay que cuidarlos, porque pueden marcharse a otra fábrica. Un rasgo puramente americano, sirs: no hacer nada superfluo. Tengan la seguridad de que el señor Ford se considera un amigo de los obreros. Pero no se gastará en ellos ni un kopel más de lo necesario."

sábado, 6 de febrero de 2010

La América de una planta


Ilf y Petrov son dos periodistas enviados por el diario Pravda a hacer un reportaje a Estados Unidos en el año 1935. Recorren diez mil kilómetros en un coche con un matrimonio americano, anotando en un diario sus impresiones. La América de una planta es la América real, la de las ciudades de casitas y no la de los grandes rascacielos. Un excelente retrato del país en los años de la depresión visto por dos periodistas sagaces y mordaces, incapaces de comprender en ocasiones la sociedad consumista norteamericana.

"En Estados Unidos la técnica es infinitamente superior a la organización social. Mientras la técnica ofrece al onsumidor objetos perfectos que hacen su vida más fácil, la organización social no le permite ganar el dinero suficiente para adquirirlos.

En este país la base del comercio es la venta a plazos. Todos los objetos que se encuentran en el interior de una casa americana han sido comprados a crédito. Por todo se debe pagar decenas de años. En realidad, no le pertencenen ni la casa, ni los muebles, ni ninguno de los maravillososaparatos mecánicos. La ley es muy severa. Si de cien pagos previstos, ha satisfecho noventa y nueve, pero no ha sido capaz de hacer frente al último, pierde la propiedad del objeto. Para la gran parte de la población la propiedad no es más que algo ficticio. Todo, hasta la cama en la que duerme ese inveterado optimista ardiente defensor de la propiedad privada, pertenece a una compañía industrial o a un banco. Basta que pierda su trabajo para que al día siguiente empiece a entender que no tiene nada de propietario, que no es más que un simple esclavo, algo así como un negro de piel blanca.


Pero es imposible que se resista a la tentación de comprar.


Un discreto timbrazo en la puerta de su casa y en el recibidor aparece un visitante totalmente desconocido. Sin perder el tiempo en palabras vanas, el visitante declara:


- Vengo a instalarle una nueva cocina eléctrica.

- Pero si ya tengo una de gas -responde, sorprendido, el propietario de la pequeña casa, de la lavadora y del mobiliario en serie, que aún debe seguir pagando durante muchos años.

- La cocina eléctrica es mucho mejor y más económica. En cualquier caso, no voy a insistir. Se la instalo y vuelvo al cabo de un mes. Si no le gusta, se la quito. Pero, en caso de que esté contento, las condiciones son muy ventajosas: veinticinco dólares el primer mes y luego...

Instala la cocina. En el transcurso de un mes el propietario tiene tiempo de constatar que la cocina es en verdad extraordinaria. Ya se ha acostumbrado y no puede desprenderse de ella. Así que firma un nuevo contrato y empieza a sentirse tan rico como Rockefeller.


Convendréis en que es una táctica más eficaz que un anuncio luminoso.

Podría pensarse que en la vida de un norteamericano medio llega un momento en que éste está en condiciones de pagar todas sus deudas y convertirse realmente en propietario. Pero no es tan fácil. Su automóvil ha envejecido. El fabricante le propone un excelente modelo nuevo. Le compra el coche viejo por cien dólares y le concede unas condiciones extremadamente ventajosas para pagar los quinientos restantes.

Después el feliz propietario pierde el trabajo sin saber cómo ni por qué, y su nuevo automóvil, con sus dos bocinas, su encendedor eléctrico y su aparato de radio vuelven a su verdadero dueño: el banco que le había concedido el crédito.

...

Hace poco empezó a emplearse en Nueva york un nuevo tipo de publicidad.

Al apartamento de un neoyorquino que se las sabe todas, curtido en esta clase de lides, llega un hombre y dice:


- Buenos días. Soy cocinero. Y deseo preparar, para usted y sus invitados, una comida exquisita. No le costará ni un centavo. Sólo pongo dos condiciones: la primera, que la comida se prepare en las cazuelas que yo traiga; la segunda, que entre los invitados haya por lo menos seis señoras.

El día señalado el cocinero aparece con sus cazuelas y prepara una comida suculenta. Hacia el final del ágape, se presenta con aire solemne en el comedor, pregunta a los invitados si la comida ha sido de su agrado y apunta las direcciones de las mujeres. todos están encantados con los plantos que han degustado. El concinero declara modestamente, que con la batería que ha traído, cualquier ama de casa sería capaz de preparar una comida semejante. Al día siguiente el cocinero visita a las mujeres presentes en la reunión y cierra varios tratos. Las amas de casa, encantadas, compran baterías completas de cocina. Y surge la necesidad de pedir un nuevo crédito. Lo cierto es que las cazuelas nuevas son mejores que las viejas, pero la vida, en lugar de hacerse más fácil, se vuelve aún más complicada, pues hay que atender a una nueva deuda.


¡No! Los carteles luminosos y los anuncios de los periódicos no son más que un curso preparatorio.